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¿Colombia está Preparada para una Eventual Eliminación de la Estratificación Socioeconómica?

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La propuesta del alcalde Gustavo Petro de asignar un terreno para los desplazados en un barrio estrato seis de Bogotá causó revuelo en todo el país. Varias opiniones se formaron en torno al tema, entre vecinos del sector, desplazados y ciudadanos en general, se escucharon comentarios que dan cuenta de la situación social que se vive en Colombia con la asignación de la estratificación.

En Colombia, la asignación del estrato social se da como una herramienta que permite el cobro justo de los servicios públicos y el impuesto de valorización. Está definida como una clasificación de los domicilios o viviendas a partir de sus características físicas y de su entorno, categorizada en seis grupos o estratos.  Su base jurídica está contemplada en el artículo 102 de la Ley 142 del 11 de Julio de 1994, y definida  -entre otras-  en las leyes 505 del 25 de junio de 1999 y 732 del 25 de enero de 2002.

El modelo supone que las personas que quedan en los estratos altos (5 y 6) tienen la mayor capacidad de pago y las de los más bajos (1 y 2), la menor. Con esto, el país estableció un sistema de subsidios cruzados para cobrar los servicios públicos, en el que a quienes pertenecen a los estratos 1 y 2 se les subsidian las tarifas y a los de 5 y 6 se les cobran sobretasas para ayudar a los primeros. Con el tiempo, este instrumento se comenzó a utilizar para cobrar el impuesto predial y para focalizar todo tipo de inversiones sociales.

En el artículo 102 de la Ley 142 se estipula  que “para obtener la clasificación se emplearán las metodologías que elabore el Departamento Nacional de Planeación (DNP), las cuales contendrán las variables, factores, ponderaciones y método estadístico, teniendo en cuenta la dotación de servicios públicos domiciliarios. Ninguna zona residencial urbana que carezca de la prestación de por lo menos dos servicios públicos domiciliarios básicos podrá ser clasificada en un estrato superior al cuatro (4)”.

Pero esta clasificación parece no estar definida en aspectos puramente económicos, es común que en Colombia también se utilice para referirse a alguien. O por lo menos esta es la impresión que queda después de escuchar los comentarios que surgieron tras la propuesta del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, de construir viviendas de interés prioritario (VIP) para la población víctima de la violencia en el barrio El Chicó, una zona estrato seis en el norte de la capital.

Los comentarios, algunos segregativos y elitistas, otros que intentaban analizar un poco más la propuesta con preguntas como ¿dónde mercarán?, ¿cómo se desplazarán?, ¿a qué colegios asistirán sus hijos?; abren la polémica en torno a otra formulación que Petro hizo en su momento, y es la eliminación de la estratificación socioeconómica.

Con el apoyo de la agencia ONU Hábitat, Bogotá abre el debate en torno a la clasificación que opera en el país hace más de 30 años y que categoriza a las personas como ricas o pobres. Para la administración de la capital y para la agencia, la imposición de un estrato genera inequidad y segregación “por la forma como se clasifica a la población está generando inequidad, exclusión y estigmatización”.

La postura de ONU Hábitat respecto al tema es que los subsidios se deben enfocar en las personas y las familias, no en las viviendas. Para Roberto Lippi, oficial de la entidad, que ha venido trabajando con Bogotá en la propuesta, el país debe superar la estratificación socioeconómica y establecer un modelo que le permita identificar a la población por las condiciones y características de las personas, como ocurre en el resto del mundo. “Colombia es el único país que tiene estratificada a la gente”, asegura.
“La gente se acostumbró a decir que una persona es de tal o cual estrato, y cree que eso está bien, pero eso en un Estado Social de Derecho no es normal”, afirma Lippi.

Mientras la polémica en torno a una eventual convivencia entre y ricos y pobres crece, la propuesta del alcalde de Bogotá sigue en pie, y además deja mucho que analizar en torno a un tema que ya es natural para todos, pero que vale la pena cuestionar. La duda que surge es si las personas en Colombia están preparadas para la eliminación de la estratificación socioeconómica.

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