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¿Hay Algo Positivo Tras un Desastre Natural?

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Un desastre natural, como el terremoto ocurrido el pasado sábado 25 de abril en Nepal, genera además de la gran pérdida de seres humanos y la tragedia social, unos efectos económicos adversos al crecimiento económico de las regiones afectadas. Sobreponerse a esta situación resulta especialmente difícil para los países en desarrollo quienes disponen de pocos recursos y grandes limitantes para afrontar el proceso de recuperación.

Foto: www.sxc.hu Autor: mani09

La primera consecuencia de un desastre natural de magnitud considerable es la ralentización del crecimiento, pues los recursos que se habrían destinado a mejorar la calidad de vida de la población mediante programas y proyectos definidos previamente por los gobiernos deben ser invertidos para reconstrucción de las zonas más afectadas por la calamidad.
Posterior a la catástrofe suele generarse o incrementarse el déficit fiscal por dos situaciones: Primero se presenta un incremento en los gastos que tiene que asumir el gobierno para la rehabilitación y reconstrucción y, en segundo lugar, se reducen los recaudos tributarios porque muchas actividades productivas se ven afectadas. Además se  aplazan o desplazan inversiones que se tenían previstas y la infraestructura del país se rezaga.
También es común apreciar deterioros en la balanza comercial por las menores exportaciones y  mayores importaciones, esto último por el desabastecimiento interno que se puede generar. Los desastres suelen ocasionar escasez de ciertos productos y esto eleva la inflación, afectando el equilibrio macroeconómico.
El comportamiento del empleo es menos claro pues es muy probable que las afectaciones a la capacidad productiva de algunos sectores generen desempleo, pero los procesos de reconstrucción hacen que se demande importante fuerza laboral, lo que puede anular o contrarrestar el primer efecto.
Todas estas consecuencias hacen que un desastre natural pueda ser visto y evaluado como un proceso de desinversión por la pérdida de activos fijos, aunque se genera una serie de costos indirectos de difícil estimación, lo que generalmente se toma en cuenta para la cuantificación económica  del evento es la pérdida de bienes de capital.
A pesar de todo esto hay una teoría económica que aplicada a una situación de este tipo genera una visión menos pesimista del siniestro, se trata de la convergencia económica  que plantea que los países con menores niveles de PIB por persona, tienden a crecer más rápido que aquellos con mayor PIB, lo que implicaría que con el tiempo la proporción por persona se iguale entre países.
Esta noción de convergencia absoluta ha sido desplazada por una de convergencia condicional que esboza que esto puede ser cierto  pero entre grupos de países con características similares. La idea detrás del planteamiento se basa en una función de producción tradicional que sintetiza la economía de un país o región en una combinación de dos factores principales: capital y trabajo. Cuando sobreviene el desastre natural se genera una destrucción de capital y este se torna más escaso por lo que sus rendimientos en el margen son superiores, es decir a la receta productiva le hace falta capital y cada adición que se consigue es mucho más productiva porque se valora y aprovecha al máximo.
De hecho el crecimiento del producto de algunos países después de un desastre ha tenido un comportamiento que parece apoyar esta hipótesis, pero las cifras hay que mirarlas con cautela pues el crecimiento de un país realmente es una comparación con respecto a la cifra del periodo precedente, es decir que después de una situación difícil de la economía, pequeñas mejoras pueden parecer significativas, pues el primer efecto de un terremoto, por ejemplo, es el desplome del PIB de ese año. 

Fuente: Datos Banco Mundial
Haití, por ejemplo, que vivió un terremoto en el año 2010  experimentó un crecimiento de 5.5% en el año 2011, cifra superior a las registradas por el país durante la última década, pero en el año del terremoto se decreció en la misma cifra, además en este país  se parte de una base pequeña, pues se encuentra entre los países más pobres de América. 
El punto de partida, más que el crecimiento, va a ser determinante el bienestar. Así las economías más desarrolladas crezcan a menores tasas, indiscutiblemente tienen mayor capacidad para generar desarrollo económico y una calidad de vida que sobrepasa por mucho a las de los países en desarrollo. Por esto seguirá siendo más difícil para los países pobres hacerle frente a los estragos de la naturaleza.

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