# Indonesia crece 5,6% y Filipinas no

> Dos archipiélagos vecinos. El mismo arancel de Estados Unidos: 19% para ambos. En el primer trimestre de 2026 Indonesia creció 5,6%. Filipinas, 2,8%: su peor registro desde 2009 sin contar la pandemia. El doble de diferencia con las mismas reglas de juego, pero la explicación va más allá del comercio exterior.

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- Publicado: 2026-10-07 · Actualizado: 2026-10-07
- Sección: Artículos Especiales
- Autor: Carlos Escobar

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Dos archipiélagos vecinos. El mismo arancel de Estados Unidos: 19% para ambos. En el primer trimestre de 2026 Indonesia creció 5,6%. Filipinas, 2,8%: su peor registro desde 2009 sin contar la pandemia. El doble de diferencia con las mismas reglas de juego, pero la explicación va más allá del comercio exterior.

## Artículos Especiales: análisis y cifras

Durante años se dijo que la guerra comercial entre Estados Unidos y China abriría una oportunidad histórica para el Sudeste Asiático: las fábricas saldrían de China y tendrían que instalarse en algún otro lugar. Indonesia y Filipinas parecían candidatas equivalentes. Ambas firmaron con Washington el mismo arancel del 19%. Ambas tienen población joven y abundante. Ambas absorbieron el mismo golpe del petróleo por el conflicto en Medio Oriente.

Y, sin embargo, los resultados se separaron. La inversión extranjera directa neta que entró a Filipinas cayó 17,8% en el primer semestre de 2026, hasta 3.382 millones de dólares, según su banco central. En Indonesia, la inversión ejecutada que reporta el gobierno creció 7,2% y generó 1,44 millones de empleos directos en el mismo periodo. Una economía frenó; la otra aceleró.

La diferencia no la explican los aranceles. La explica algo que ocurrió dentro de Filipinas a mediados de 2025 y que todavía tiene obras públicas detenidas. Vamos a reconstruir cómo pasó. Bienvenidos a Economía y Desarrollo.

**Las mismas reglas externas, dos resultados**

En julio de 2025, Washington cerró acuerdos comerciales con ambos países con pocos días de diferencia. Indonesia quedó con un arancel del 19% sobre sus exportaciones a Estados Unidos. Filipinas, con exactamente el mismo 19%. Vietnam quedó en 20%. Tailandia, Malasia y Camboya terminaron también cerca del 19%. El tratamiento arancelario dejó de ser un factor diferenciador dentro de la región.

En 2026 los dos países recibieron además el mismo choque externo: el alza del crudo derivada del conflicto en Medio Oriente. Como importadores netos de petróleo vieron subir su inflación por esa vía.

Entonces, si las condiciones externas son equivalentes, la diferencia tiene que ser interna.

**Indonesia: un crecimiento que no viene de las exportaciones**

La agencia estadística de Indonesia reportó un crecimiento de 5,6% en el primer trimestre de 2026 frente al mismo periodo del año anterior, el registro más alto desde 2021. En el segundo trimestre el ritmo bajó a 5,29% y el semestre cerró en 5,45%.

Conviene revisar de dónde salió ese crecimiento, porque contradice la narrativa más difundida. El consumo de los hogares aportó 2,67 puntos porcentuales y representa el 53,3% del producto. El gasto del gobierno creció más del 21% interanual en el primer trimestre. Y las exportaciones netas restaron 0,78 puntos al crecimiento del segundo trimestre, porque las importaciones subieron más rápido que las ventas al exterior.

Indonesia no está creciendo porque se haya convertido en la nueva plataforma exportadora de la región. Está creciendo por demanda interna y por gasto público dirigido. Esa es una distinción importante, porque implica que el motor depende de la capacidad fiscal del Estado y no de una reubicación masiva de fábricas.

**La apuesta industrial: procesar en casa**

La estrategia del gobierno de Prabowo Subianto se llama hilirisasi: procesar internamente los minerales en lugar de exportarlos en bruto. Indonesia prohibió la exportación de níquel sin procesar desde 2020 y ha ido subiendo las regalías de la minería.

El vehículo institucional de esa política es Danantara, el fondo soberano creado en 2025 que además consolida las empresas estatales. En el primer semestre de 2026 la inversión ejecutada en industrias de procesamiento llegó a 300,1 billones de rupias, cerca del 30% del total nacional. Danantara coordina una cartera de proyectos de transformación de minerales valorada en unos 34.000 millones de dólares, y en junio de 2026 colocó su primer bono internacional por 1.500 millones de dólares, con órdenes que superaron los 4.000 millones.

Aquí hace falta una advertencia de precisión. El gobierno ha citado activos bajo gestión superiores a 900.000 millones de dólares. Global SWF, que hace seguimiento a fondos soberanos, valora las participaciones iniciales del fondo en unos 172.000 millones. Es una brecha grande y conviene tratar la cifra oficial con cautela. Analistas del East Asia Forum han señalado además un problema de diseño: a Danantara se le pide simultáneamente rentabilidad comercial, financiamiento del desarrollo y ejecución de política pública, tres objetivos que no siempre son compatibles.

**La señal que sí corresponde al China+1**

Hay un dato que sí apunta a reubicación productiva. En el segundo trimestre de 2026, y por primera vez en diez años, Hong Kong y China continental encabezaron la inversión extranjera directa en Indonesia con unos 5.000 millones de dólares, por delante de Singapur, Japón y Malasia.

El sector líder de la inversión semestral fue la industria de metales básicos, con 150,4 billones de rupias. El segundo fue una categoría de servicios impulsada por centros de datos, con unos 114 billones.

Eso describe algo más específico que el relato general del China+1, que es una estrategia de negocios en la cadena de suministro que consiste en mantener operaciones de producción o abastecimiento en China mientras se añade al menos otro país alternativo.

Esto indica que el capital chino instalando capacidad de procesamiento de minerales dentro de Indonesia. Es relocalización, sí, pero de una clase particular, anclada a los recursos del país y no a la mano de obra barata. Y trae una dependencia asociada: la tecnología y buena parte del capital siguen siendo chinos.

**Filipinas: el escándalo que frenó la inversión**

A mediados de 2025 estalló en Filipinas un escándalo de corrupción en los proyectos de control de inundaciones del Departamento de Obras Públicas: proyectos inexistentes, contratistas concentrados y fondos desviados. Derivó en una comisión independiente de investigación, auditorías sobre la planeación y contratación de obra pública, renuncias, detenciones de legisladores y protestas masivas.

El efecto económico es medible. La formación bruta de capital se contrajo 9,2% en el segundo trimestre de 2026. La inversión fija cayó 13,7%. La construcción pública se desplomó 32,4%. El sector industrial retrocedió 2,4% interanual. Y no fue un trimestre aislado: la inversión lleva contrayéndose desde el tercer trimestre de 2025.

El Banco Mundial documentó el mecanismo con claridad: las auditorías frenaron la inversión pública, y esa parálisis se transmitió al sector privado por la vía de la confianza. El gasto de capital del gobierno cayó alrededor de 1,3 puntos del PIB entre el primer trimestre de 2025 y el de 2026. El organismo recortó su proyección de crecimiento para Filipinas en 2026 de 5,3% a 3,7%.

La inversión extranjera lo confirma. En 2025 los flujos netos cayeron a 7.790 millones de dólares, el nivel más bajo en una década excluyendo la pandemia. En el primer semestre de 2026 bajaron otro 17,8%.

**Una economía de servicios, no de fábricas**

El escándalo explica el frenazo de 2026, pero no explica por qué Filipinas no capturó la reubicación manufacturera antes de 2025. Ahí opera un factor estructural.

La participación de la manufactura en el producto filipino ha venido bajando durante cinco décadas: desde cerca del 29% a mediados de los años setenta hasta un mínimo histórico de 17,3% en 2025, según cálculos de la fundación IBON sobre datos oficiales. El país construyó su crecimiento sobre otra base: la externalización de procesos empresariales, que cerró 2025 con unos 40.000 millones de dólares en ingresos de exportación, alrededor de 1,9 millones de empleos y cerca del 8% del producto, y sobre las remesas de sus trabajadores en el exterior.

Ese modelo genera divisas y empleo formal, pero no construye la base industrial que busca una empresa cuando decide mover una planta. Un país que quiere recibir fábricas necesita energía confiable, puertos, carreteras y reglas previsibles de contratación pública. Precisamente lo que el escándalo puso en duda.

Hay un contrapeso. Las exportaciones filipinas de bienes crecieron 17% en el segundo trimestre de 2026, con los semiconductores subiendo 13,4% por la demanda asociada a la inteligencia artificial. El sector externo funciona. Lo que está detenido es la inversión.

**Lo que muestra la comparación**

La conclusión que se desprende del contraste no es que un país ganó y el otro perdió una carrera. Es que la oportunidad comercial externa no se convierte automáticamente en crecimiento.

Indonesia tenía una estrategia propia, un instrumento para ejecutarla y capacidad fiscal para sostenerla. Filipinas tenía la misma ventana arancelaria y no pudo usarla, porque su capacidad de ejecutar obra pública quedó bajo sospecha en el peor momento posible.

Pero ninguno de los dos casos está resuelto. El crecimiento indonesio descansa en gasto público y consumo, con un fondo soberano cuya gobernanza genera dudas y una dependencia tecnológica china en su apuesta industrial. Filipinas, por su parte, atraviesa un ajuste doloroso que podría dejar instituciones más sólidas si las investigaciones terminan en sanciones efectivas.

La evidencia de 2026 sugiere que el factor decisivo para atraer inversión productiva no es el arancel que negocia un país, sino la confianza en que sus instituciones ejecuten lo que prometen. Con reglas externas idénticas, la diferencia la marcaron la política interna y la capacidad estatal.

Eso abre preguntas incómodas para cualquier economía emergente, incluidas las de América Latina. ¿Puede un país sostener el crecimiento con gasto público dirigido y un fondo soberano de gobernanza opaca, o está trasladando el riesgo al balance del Estado? ¿Puede una economía de servicios y remesas convertirse en receptora de manufactura sin una reconstrucción institucional previa? ¿Y qué pasa cuando la lucha contra la corrupción, que es necesaria, congela por años la inversión que ese mismo país necesita?

La respuesta a esa última pregunta es la que más le conviene observar a la región.

Dos países con el mismo arancel terminaron con más del doble de diferencia en crecimiento en seis meses. Esa brecha no la decidieron Washington ni Pekín: la decidieron en Yakarta y en Manila. La misma lógica aplica a América Latina cuando se habla de nearshoring. ¿Cree que su país está preparado para recibir esa inversión, o le faltaría lo mismo que le faltó a Filipinas? Si te gustó el video, activa las notificaciones, dale me gusta, suscríbete y comenta qué otro tema geopolítico te gustaría que analizáramos.

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Fuente: Sectorial — inteligencia sectorial y análisis de mercado de Colombia (https://sectorial.co/).
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