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La Mala Memoria de los Argentinos

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Dicen que los políticos no son los que tienen mala memoria, sino los electores. En el 2015, Mauricio Macri asumió la presidencia de Argentina con la bandera del Partido Republicano, teniendo como mayor objetivo en su agenda política introducir el país a los mercados internacionales y atraer la inversión extranjera, rubro indispensable para mejorar el crecimiento económico.

Fuente imagen: Shutterstock

Sin embargo, durante su mandato, Mauricio Macri se ha enfrentado a un sin número de problemas, entre ellos la oposición en el Congreso, lo que ha conllevado a la desaprobación de su gestión por parte de los argentinos. Y es que cuando Macri subió al poder, Argentina necesitaba reformas económicas y sociales urgentes para recuperar las finanzas públicas e instaurar la confianza inversionista del exterior.
Con estos objetivos en mente, Macri desmontó las medidas proteccionistas impuestas por sus predecesores al gas, el agua y la energía, como una forma de demostrar su compromiso ante los inversionistas. El congelamiento de los precios por casi un lustro hizo que Argentina pasara de ser exportador de energía a importador, situación que obligó a subsidiar a los hogares para evitar un desabastecimiento, afectando negativamente el balance del gobierno. (Lea también: Recorte de Gasto Público en Argentina, ¿Modelo para Colombia?)
Macri tampoco contó con suerte, pues Argentina sufrió una de las peores sequías de su historia en 2017, la cual destruyó las cosechas de soya, principal bien de exportación. Adicional, durante ese año la gente salió a las calles a marchar, cansada de las medidas de austeridad impuestas por el presidente.
Sin el apoyo del congreso, las reformas no han pasado o han pasado a medias, razón por la que el desempeño de la economía argentina no mejoró. De esta forma, Argentina mantuvo un déficit fiscal de -5,5% del PIB y otro en la cuenta corriente de -5,1% del PIB en 2018, según el FMI, además de una inflación cercana al 55% en los últimos doce meses, lo que pone al país en una situación altamente vulnerable de cara a los acontecimientos externos y sin armas para defenderse ante la difícil coyuntura económica mundial. De hecho, el peso argentino es la moneda más devaluada del mundo en 2019. (Para entenderlo mejor lea: ¿Qué está Pasando en Argentina?)
Con este panorama, es natural que los argentinos quieran un cambio de gobierno, pero volver a las políticas socialistas que desfalcaron las finanzas del estado no parece la mejor decisión.
El Kirchnerismo gobernó durante doce años en Argentina, presidido por Néstor Kirschner y luego por su esposa, Cristina Fernández, durante dos periodos presidenciales más. Durante ese lapso, el país avanzó en temas sociales, como la inclusión de género, la cobertura pensional, la creación de nuevos empleos y los programas sociales, no obstante, lo hizo a costa de recursos púbicos que no fueron sostenibles a largo plazo. En un inicio, el país pudo responder, dada la bonanza de las exportaciones de soya y los buenos precios de las materias primas, pero con la crisis del 2008 la economía argentina colapsó.
Por su parte, la política expansionista adoptada por el banco central para contrarrestar la crisis y dinamizar la demanda interna llevó a que la inflación escalara al 40% en 2014. Para rematar, el Centro Nacional de Estadística publicaba datos que no eran ciertos, a tal punto que el país fue censurado por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Como medidas de choque para frenar la devaluación y la alta inflación, Cristina Fernández instauró una serie de restricciones a la compra de divisas, lo que ahuyentó a los inversionistas. Además, el Kirchnerismo no estuvo exento de escándalos de corrupción, llevando a la cárcel a los ex ministros de ambiente, transporte y economía. Finalmente, de acuerdo con el FMI, durante la era Kirchner la pobreza ascendió al 29% de la población argentina.
Entonces ¿cómo se entiende que en las elecciones primarias llevadas a cabo el 11 de agosto pasado hayan salido victoriosos el dúo del peronista Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner?
La grave crisis económica por la que atraviesa Argentina parece borrar los recuerdos de la era kirschnerista, en la que el país entró en default, congeló los precios, abundaron los escándalos de corrupción y se aisló del mundo. Una de las respuestas parece ser la dependencia del empleo por parte del sector público. El kirchnerismo se nutre de esta clase estatal que históricamente estuvo cerca de quien más la hizo crecer: el peronismo, y que con los gobiernos de Néstor y Cristina se duplicó. Allí, millones de votos están a favor de quienes les dieron un trabajo en blanco para toda la vida y en contra de quienes amenazan con reducir su plantel. En la misma línea, está la clase marginal, aquella que vive en el margen de las ciudades y que ve con malos ojos las políticas capitalistas del presidente actual, a la vez que reclama igualdad social, mejores condiciones de vida y mayores subsidios. La clase baja-media no se queda por fuera, pues entiende que su bolsillo estaba mejor con los subsidios a la energía, el gas y la contención de los precios de la canasta familiar. (Para saber más lea: ¿Crisis Mundial para Mediados de 2020?)
Así las cosas, estos segmentos sociales parecen ser quienes apoyan una vez más la escalada de las políticas de izquierda, en un país que no ha podido reponerse de los malos manejos financieros del Estado que lastran desde hace dos décadas.
Le puede interesar: Moneda Única entre Brasil y Argentina: ¿Qué Debe Ocurrir para Concretarse este Proyecto?

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