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Tierras: entre Historia, Concentración, Contradicciones y Crecimiento (Parte 1: Historia y Concentración)

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En la formación de los antiguos imperios en Asía y Europa el control del territorio marcaba la hegemonía de una tribu o sociedad, al tiempo que su tamaño favorecía el dominio sobre los senderos de movilidad e indirectamente sobre el comportamiento económico de los agentes que en él habitaban. No muy distinto fue el caso en América: la conquista por parte de las naciones europeas dio inicio a una de las mayores problemáticas actuales del continente y en especial de Colombia: la concentración en la apropiación de la tierra.

Fuente: Pixabay

En este sentido, la historia del país poco ha cambiado, y por el contrario el problema se ha convertido en el epicentro de las discusiones y enfrentamientos que hoy involucran a diversos sectores políticos y económicos.
Retrocediendo en la línea de tiempo de la evolución de las estructuras sociales, a grosso modo se tiene que la primera forma de apropiación de la tierra se dio por el trabajo implícito en ella y el cuidado ejercido, el típico comportamiento primitivo que siguen hoy especies como los felinos, es decir, la marca del territorio. A esto le siguió el sistema esclavista, en el que la razón principal no era la tierra en sí, sino el control de la fuerza física de las sociedades conquistadas. Algo diferente sucedió en el feudalismo, donde el valor y control de la tierra cobró tanta importancia como la apropiación de la fuerza física.
Por esos días ya existía la apropiación divina, originaria en parte del pensamiento fisiócrata que terminaría constriñendo a Colón y a muchos otros expedicionarios en su actuar. De ahí surge que si la tierra es de dios, esta pertenece a sus súbditos terrenales de mayor rango: el papa y los reyes, quienes eran considerados descendencia divina. Aun así, el gran tamaño de los territorios llevó a que se institucionalizaran formas de distribuir las tierras, siempre asegurando cierto tipo de control sobre ellas: aparecen entonces las Capitulaciones y otras formas de administración rural, como La Hacienda, ambas amparadas bajo la estructura política-administrativa del virreinato.
Posterior a esto llegarían las luchas por destruir tales apropiaciones. En lo que hoy es Colombia, el primer referente que se tiene fue la Insurrección de los Comuneros de 1781, suceso en el que se incluyó en el pliego de demandas al virreinato la devolución de las tierras tomadas a las comunidades amerindias. Luego vendría el grito de independencia, con tal mala suerte que la propiedad de la tierra siguió concentrada, ahora no en españoles, sino en los criollos de mayor influencia. Desde entonces, la lucha se ha intensificado, dando espacio a la época de la violencia y al nacimiento de las guerrillas. Así, las intenciones de cambio lideradas por unos pocos bajo el nombre de “reformas agrarias” han sido infructuosas, al tiempo que la concentración de las tierras sigue en aumento.
¿En qué estamos hoy? En una situación más compleja que aquella vivida durante la Colonia y la Conquista, cuando la lucha se efectuaba entre dos grandes bandos: conquistadores y conquistados. Ahora, habla el gobierno nacional, los grandes terratenientes, los inversionistas mineros, los inversionistas de la agroindustria, los inversionistas turísticos, la guerrilla y demás grupos al margen de la ley, los gremios de algunas líneas económicas agrarias (caso del ganadero) y por último el pequeño agricultor, el minero artesanal y los ambientalistas.
¿Cómo se engranan todos estos agentes? Por el lado de los inversionistas, se tiene que los mineros buscan ampliar sus terrenos, de forma que la extracción de oro, carbón, hidrocarburos y similares se pueda asegurar en el largo plazo. Los inversionistas de la agroindustria, por su parte, requieren un mayor dominio territorial para ampliar su actividad económica; en el ojo del huracán se han visto la agroindustria azucarera y la palma africana. No distantes están los inversionistas del turismo, de moda en los últimos días. A nivel de gremios, se busca la permanencia y la ampliación de las zonas donde se concentran su actividad, destacándose entre ellos el gremio ganadero y el bananero.
Aparecen luego los grupos alzados en armas, los cuales requieren tierras para ocultarse y dinero para sostenerse, por lo que disponen de tres métodos: llevar a que el pequeño campesino cultive la coca, la amapola o trabaje en minería ilegal; desplazarlo para que los inversionistas o gremios amplíen sus áreas de acción al tiempo que reciben una contraprestación por el “servicio” y los cuidados venideros, o desplazarlo y establecer su propia actividad económica: ganadería, lecherías y demás, que sirven como medio para el lavado de activos.
Continuando con el papel de los agentes en la apropiación de las tierras, quedan los terratenientes, los cuales pueden hacer parte de los inversionistas, de los gremios o de los dos, y que en pocos casos corresponden a empresarios agrícolas independientes. Con gran frecuencia este grupo ejerce gran influencia entre los sectores políticos a nivel nacional.
Finalmente están los pequeños agricultores, el minero artesanal y los ambientalistas. Los primeros son aquellos que sufren las consecuencias de la lucha armada por la posesión de la tierra, los que tienen las peores tierras y los que ganan menos.
Los mineros artesanales, mientras tanto, se enfrentan a las multinacionales mineras, que pagan impuesto al gobierno y también a los alzados en armas, con quienes ahora disputan el manejo de la actividad. Acá pertenecen aquellos que en su mayoría no tienen tierras y cuyo estigma ronda entre lo ilegal y lo informal. Finalmente, están los ambientalistas, que no tienen tierras, pero si un canal peligroso porque mueve masas: las redes sociales, donde buscan crear conciencia del daño que algunas de las actividades económicas mal ejecutadas causan al entorno e incluso a la misma salud humana.
Se observa entonces, que en el tiempo la secuencia de poder no ha ocurrido sólo en la política, también ha ocurrido en lo agrario, marcada inicialmente por una asignación religiosa, después por el linaje que transmutaría a lo hereditario, ganando espacio el poder del dinero y que termina, no en todos los casos, pero si en muchos, acudiendo al uso de las armas. Al final, la concentración se explica en gran medida porque el terrateniente suele ser un inversionista, un agremiado y un gobernante, y en muchos casos se mueve en los poderosos círculos de corrupción que extienden la brecha de desigualdad en el país.
Espere la próxima semana la Parte 2: Contradicciones y Crecimiento.
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