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¿UBER y WeWork son Ejemplos de los Limitantes de la Economía Colaborativa?

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En el marco de la digitalización, han surgido nuevas formas de relaciones económicas en las que el dinero no es necesariamente el valor de cambio de los bienes y/o servicios que se transan. Este tipo de modelo es conocido como economía colaborativa y tiene como rasgo distintivo que una plataforma digital permite el intercambio de bienes o servicios. En los últimos años, aplicaciones digitales como Uber, Lyft y Airbnb han contado con gran popularidad entre miles de usuarios alrededor del mundo, sin embargo, su acogida en los mercados bursátiles no ha sido igual de popular, pues no cuentan con los niveles de rentabilidad suficientes como para atraer accionistas.

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Una de las compañías que ha estado en el ojo del huracán es la norteamericana WeWork, gracias a su intento frustrado de cotizar en bolsa. La proveedora de oficinas compartidas fue fundada en 2010 y desde entonces ha generado ingresos por más de $12 mil millones de dólares, aun así, nunca ha producido ganancias. En agosto de 2019, la firma manifestó su interés de participar en bolsa a la Comisión del Mercado de Valores de Estados Unidos, con el fin de obtener al menos $3 mil millones de dólares en capital. No obstante, semanas después retiró la solicitud de salida a bolsa, luego de lo cual sus bonos cayeron en forma estrepitosa. Posterior a esto, el fundador y CEO de la compañía, Adam Neumann, anunció su retiro.
De esta forma, se espera que antes de finalizar el año la empresa se quede sin efectivo, razón por la cual se encuentran negociando oportunidades de financiamiento con distintos bancos comerciales, entre los que se destacan JP Morgan. Así las cosas, el panorama para WeWork es desalentador, más aún, cuando se ha conocido que dos propietarios de sitios usados por la compañía en Londres decidieron no firmar nuevos contratos de arrendamiento hasta ver cómo se desempeña la empresa en el futuro.
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Uber es otra compañía de la economía colaborativa que no la ha tenido fácil en términos financieros. La empresa fue fundada en 2009 y cotizó en Wall Street por primera vez en mayo de 2019. Dos horas después de su apertura, marcaba 6,7% menos de lo fijado en el inicio, con lo que obtuvo una capitalización de $82 mil millones de dólares, mucho menos de lo esperado. Las acciones de Uber se desvalorizaron sistemáticamente desde que entró a la bolsa, pero en octubre vio días mejores, luego llegar a un acuerdo con Cornershop, un emprendimiento de servicio de domicilios chileno. Pese a esta mejoría en su cotización, Uber adelanta un plan de ajuste para mitigar sus pérdidas, el cual ha incluido una serie de despidos desde julio pasado, por lo que ha liquidado a 1.185 empleados en total.
Al margen de la situación, Uber y WeWork tienen un inversionista en común: el Grupo SoftBank. En el caso de Uber, el grupo es accionista desde 2018, cuando empezó a comprar acciones a $48,77 dólares a inversionistas antiguos y acciones nuevas a $33 dólares, pese a que las acciones de Uber se cotizan en la bolsa en $27 dólares, aproximadamente.
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Algo similar le ocurrió a SoftBank con WeWork. Desde 2017 el grupo ha efectuado inversiones por unos $10,7 mil millones de dólares y, en la actualidad, posee un 29% de participación. Previo al intento fallido de WeWork de cotizar en bolsa, SoftBank había estimado el valor de la empresa en $47 mil millones de dólares, pero los expertos la valoraban en US$10 mil millones, a lo sumo. Además, el inversionista se encuentra estudiando la posibilidad de invertir US$5 mil millones más, ya que tiene expectativas de que WeWork tome una senda de crecimiento. Gracias a las decisiones de inversión tomadas por el grupo japonés, hay quienes piensan que se encuentra al borde de una caída comparable a la de Lehman Brothers en 2008.
Así las cosas, surge una duda frente a las startups de la economía colaborativa: ¿son tan buenas como parecen? Y es que la acumulación de pérdidas sistemáticas puede generar inquietud en los observadores y los potenciales inversionistas. Por el contrario, casos de éxito como Amazon y Twitter, este último con ganancias por cuatro trimestres consecutivos más de una década después de su creación, también plantean la posibilidad de que solo sea cuestión de tiempo para que compañías colaborativas despeguen financieramente.

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