El consumo de pan sigue en descenso en Colombia, poniendo en riesgo la operación de 17.000 panaderías de barrio. Factores como los impuestos, el alza en costos y las nuevas tendencias de consumo están impactando negativamente al sector.
Industria Panificadora: análisis y cifras
De acuerdo con el diario Semana, los gravámenes sobre productos ultraprocesados, que aumentaron al 20% este año, y el etiquetado por exceso de grasas, azúcares y sodio, afectaron especialmente al pan industrializado. Por otro lado, las panaderías artesanales enfrentan mayores costos laborales debido a la reducción de la jornada de trabajo y la dificultad de conseguir mano de obra calificada.
El gerente de Hornitos, David Parra, indicó que las ventas en unidades han caído un 12% en comparación con 2023. Los consumidores están reduciendo la frecuencia de compra y optando por panes más pequeños, en parte debido a los cambios demográficos y al aumento de hogares unipersonales. Pese a estos retos, representantes del sector sugieren adaptarse a las nuevas tendencias, como la producción de panes con masa madre o harinas más saludables, para atraer a un consumidor cada vez más exigente.
La industria panificadora genera más de 3 billones de pesos anuales y 400.000 empleos.
La transformación del consumo de pan refleja cambios estructurales más amplios en la dieta colombiana. El crecimiento de alternativas como cereales, galletas funcionales y opciones sin gluten ha fragmentado el mercado tradicional. Empresas multinacionales con capacidad de innovación han capturado segmentos premium, mientras que cadenas de café y conveniencia desplazan a las panaderías tradicionales en canales de distribución modernos, intensificando la competencia por el consumidor urbano.
Las panaderías artesanales enfrentan una encrucijada estratégica que demanda reinvención operativa y comercial. Aquellas que logren diferenciarse mediante productos especializados, certificaciones de calidad o modelos de distribución digital podrán acceder a nichos de mayor margen. Sin embargo, la mayoría de pequeños establecimientos carece de capital para invertir en tecnología o reformulación de productos, lo que acelera procesos de consolidación y posibles cierres, redefining la estructura competitiva del sector.