El flujo de divisas proveniente de los trabajadores en el exterior se ha consolidado como una de las principales fuentes de financiación para la economía colombiana, alcanzando un acumulado histórico superior a los US$13.000 millones, equivalentes a unos $53 billones, al cierre de 2025. Dicho volumen de recursos ha desplazado a renglones tradicionalmente estratégicos, sobrepasando en 1,3 veces las exportaciones de petróleo, en 1,4 veces la Inversión Extranjera Directa y en 2,3 veces las ventas externas de café. Tal comportamiento ha sido determinante para sostener el consumo de miles de familias y corregir el déficit en cuenta corriente de la nación.
Según Bloomberg Línea, analistas de Corficolombiana destacan que solo en el mes de diciembre ingresaron US$1.173 millones, lo que significó un crecimiento del 6,8 %. Este auge responde a un fenómeno migratorio estructural postpandemia, periodo durante el cual han salido del país cerca de 1,7 millones de personas desde 2021. No obstante, se observa una moderación reciente en la salida de connacionales debido a las políticas fronterizas más estrictas adoptadas por Estados Unidos, país que se mantiene como el principal origen de estos giros internacionales.
Para el 2026, las proyecciones sugieren que el consumo de los hogares se moderará hacia un 3,3%, tras haber crecido cerca del 4,0% en 2025 impulsado por estas transferencias y los buenos términos de intercambio cafetero. Se anticipa que el déficit en cuenta corriente se amplíe levemente hasta el 2,8 % del PIB, en un escenario donde el superávit por remesas del 3,7 % del PIB seguirá siendo un contrapeso vital frente al desbalance comercial de bienes y la lenta recuperación de la minería y la industria.
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