La demanda mundial de electricidad experimentará una aceleración hacia el final de la década, proyectándose un crecimiento 2,5 veces más rápido en comparación con el requerimiento energético general. Dicha tendencia estará fundamentada en la expansión del uso industrial, la adopción masiva de vehículos eléctricos y la mayor utilización de sistemas de aire acondicionado. Adicionalmente, la rápida proliferación de centros de datos, impulsada por el auge de la inteligencia artificial, jugará un papel determinante en el incremento sostenido del consumo a nivel global.
Según La República, el reciente informe de la Agencia Internacional de Energía (IEA) advierte que será indispensable elevar la inversión anual en el sector en aproximadamente un 50,0% para satisfacer las futuras necesidades, considerando que actualmente se destinan US$400.000,0 millones a las redes eléctricas. Las economías emergentes son el motor principal de este dinamismo, representando cerca del 80,0% del consumo previsto hasta 2030, con China consolidándose como el mayor contribuyente. Por su parte, las naciones avanzadas aportaron un 20,0% del crecimiento global durante 2025.
En lo referente a la matriz de generación, las estimaciones señalan que la mitad del suministro eléctrico para el cierre de esta década provendrá de fuentes renovables y energía nuclear, alcanzando niveles proporcionales a la producción basada en carbón. Se calcula que la capacidad renovable registrará un aumento cercano a los 1.000 TWh anuales. Paralelamente, la alternativa nuclear mantendrá un ascenso constante, respaldada por la reactivación de reactores en Japón y una mayor capacidad instalada en países estratégicos como Francia, China e India.
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