La industria colombiana de hidrocarburos y minería completó su segundo año consecutivo de contracción al cierre de 2025, perfilándose como el renglón de peor desempeño nacional. Las proyecciones estiman una caída anual del PIB para el sector de minas y canteras que oscila entre el 6,6% y el 7,2% para 2025. Dicha tendencia se sustenta en una severa disminución del 18,0% en la producción de gas comercializado, obligando a incrementar las importaciones para abastecer la demanda interna. Paralelamente, la extracción petrolera descendió un 3,5% debido al declive natural de los pozos operativos.
Según Valora Analitik, la Asociación Colombiana de Minería y múltiples analistas advierten que el retroceso se agrava por la fuerte incertidumbre normativa. Subdividiendo el mercado, el carbón y los minerales metalíferos reportarían caídas cercanas al 10,0%, afectados por dificultades logísticas, menores exportaciones y el avance de la extracción ilícita. Las decisiones de política pública han limitado la confianza inversionista, impidiendo que los precios históricamente altos de materias primas como el oro y la plata logren compensar el balance negativo de la actividad extractiva formal.
A pesar de la crisis en el tejido minero-energético, las expectativas para el agregado de la economía colombiana apuntan a un crecimiento del 2,9% para el consolidado del 2025, impulsado por una expansión estimada entre el 3,0% y el 3,1% durante el cuarto trimestre. Semejantes métricas rozan el límite del crecimiento potencial del país, evidenciando la necesidad de reactivar motores productivos tradicionales. Fomentar una inversión con reglas claras resultará imperativo para recuperar el empleo regional y asegurar la competitividad a mediano plazo.
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