El mercado tecnológico mundial atraviesa una grave crisis de abastecimiento de componentes, afectando directamente el valor de las memorias RAM y las unidades de almacenamiento SSD. Dicha escasez ha generado un encarecimiento sin precedentes en la industria, impactando la cadena de suministro de ordenadores, teléfonos inteligentes y automóviles. Como evidencia del fenómeno, módulos básicos de 8 GB de RAM experimentaron un incremento drástico en apenas cinco meses, pasando de costar 40 dólares a cotizarse en 130 dólares, mientras que las configuraciones de 96 GB escalaron de 480 dólares a 1.340 dólares.
Según el portal Xataka, fabricantes de equipos modulares como Framework reflejan aumentos que oscilan entre el 6,0% y el 16,0% en sus computadores de escritorio, llegando a registrar incrementos de hasta 600 dólares en las versiones de mayor capacidad. El desabastecimiento resulta tan crítico que los intermediarios agotan rápidamente cualquier inventario disponible en los almacenes. Semejante escenario no distingue generaciones tecnológicas, golpeando también a placas económicas como la Raspberry Pi, donde un dispositivo de 120 euros sufrió una subida de 60 euros, dificultando el acceso a soluciones de bajo costo.
Ante tal panorama, los grandes referentes del sector tecnológico como Apple, Lenovo y Dell anticipan que los usuarios finales deberán asumir el sobrecosto operativo. Sin embargo, el encarecimiento sostenido representa un riesgo inminente para los productores de dispositivos económicos. Importantes fundiciones asiáticas advierten que las firmas enfocadas en hardware asequible tendrán enormes dificultades para mantenerse competitivas, forzando a múltiples compañías a reevaluar sus estrategias de expansión internacional al no poder trasladar los elevados costos de ensamblaje hacia los consumidores sin perder su respectiva participación comercial.
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