El Gobierno Nacional radicó oficialmente un expediente técnico y científico ante la Unión Europea para solicitar la autorización de comercializar harina de cacay bajo la categoría de nuevos alimentos. Dicho fruto, originario de las regiones de la Amazonia y la Orinoquia, destaca por sus excepcionales propiedades nutricionales. La semilla contiene hasta un 60,0% de aceite rico en grasas insaturadas, mientras que el polvo obtenido tras la extracción oleosa logra aportar hasta un 40,0% de proteína y altos niveles de fibra, convirtiéndolo en un ingrediente de alto valor agregado para la industria gastronómica internacional.
Según el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, el hito regulatorio culmina una fase técnica de alta exigencia iniciada en 2024. Tras superar la etapa administrativa actual, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria dispondrá de un periodo de hasta nueve meses para evaluar la inocuidad y trazabilidad del producto. El documento presentado demuestra un consumo histórico seguro durante al menos 25 años, integrando evidencia sobre los procesos productivos sostenibles. La iniciativa contó con el respaldo estratégico del sector empresarial, el cual aportó información vital para garantizar el suministro de materia prima y validar el escalamiento industrial.
Más allá de los atributos alimenticios, el cultivo del cacay genera un impacto territorial al promover la conservación de la biodiversidad mediante sistemas agroforestales que restauran tierras degradadas. Actualmente, la cadena productiva involucra a más de 500 familias campesinas e indígenas, dinamizando las economías locales bajo los principios del comercio justo. De obtener el aval europeo, el país lograría diversificar su canasta exportadora y consolidaría un modelo de bioeconomía replicable, demostrando la viabilidad de transformar la riqueza natural en un desarrollo socioeconómico con altos estándares globales.
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