El consumo de alimentos ultraprocesados en Colombia continúa creciendo a un ritmo acelerado, lo que ha generado un impacto directo en las finanzas públicas del país. De acuerdo con los datos presentados por la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF), el Estado colombiano ya ha recaudado la cifra de $1,9 billones a través de los denominados impuestos saludables. No obstante, más allá del millonario recaudo fiscal, la situación ha encendido las alarmas entre los especialistas en nutrición y salud pública, debido a la alta dependencia de los ciudadanos hacia la comida chatarra y sus efectos nocivos en la población infantil y juvenil.
Alimentos: análisis y cifras
Según el diario El Magdalena, expertos de la Universidad Internacional de Valencia (VIU) explican que el éxito de estos productos no se debe a una adicción tradicional, sino a minuciosas estrategias de marketing sensorial que emplean las multinacionales alimentarias. La industria diseña texturas, aromas y efectos como el “crunch” para maximizar el placer del consumidor y elevar sus ventas. Adicionalmente, factores del estilo de vida actual, tales como el estrés cotidiano, la falta de tiempo para cocinar y la pérdida de habilidades culinarias en los hogares, impulsan a las personas a utilizar los ultraprocesados como un refugio emocional rápido y económico.
Frente a este escenario, los especialistas advierten sobre los engaños en el etiquetado de productos que se promocionan como “light” o “bajos en grasa” sin ser saludables. Por ello, se recomienda a los consumidores recuperar la autonomía alimentaria priorizando la compra de alimentos frescos en los mercados tradicionales en lugar de los supermercados. Mientras el debate sobre los hábitos de consumo y la salud pública sigue vigente, el país mantiene el fortalecimiento de sus políticas tributarias para desincentivar estos productos.
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