Colombia atraviesa un periodo de creciente vigilancia climática ante la inminente convergencia de tres fenómenos meteorológicos anómalos cuyas consecuencias podrían acumularse sobre los territorios, los recursos hídricos y los sectores económicos más sensibles: sequía prolongada, causada por varios meses con lluvias por debajo de lo normal; temperaturas históricamente altas, especialmente en la región Caribe y la llegada anticipada del fenómeno de El Niño, con una probabilidad estimada del 82,0%. El Ministerio de Ambiente y el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) ubicaron en 82,0% la probabilidad de que un fenómeno de El Niño se consolide en el país a partir de junio de 2026. La autoridad ambiental advirtió que el escenario podría resultar más complejo que el episodio registrado entre 2023 y 2024, debido a la coincidencia simultánea de meses con lluvias por debajo de lo normal, semanas con temperaturas históricas concentradas en la región Caribe y la posible llegada anticipada del calentamiento del Pacífico ecuatorial. Cabe destacar que la sumatoria de los tres factores plantea riesgos directos sobre la generación eléctrica, la producción agropecuaria, la seguridad alimentaria y las metas inflacionarias del país durante la segunda mitad del año.
Agrícola y Agrotech: análisis y cifras
Según el diario Portafolio, la ministra de Ambiente, Irene Vélez, explicó que los tres procesos anómalos no solo coinciden en el tiempo, sino que sus efectos se retroalimentan, amplificando las presiones sobre las comunidades y las actividades productivas. Por su parte, un informe reciente de Anif advirtió que un episodio fuerte de El Niño podría reactivar las presiones sobre la inflación local, recordando que entre los años 2009 y 2010 los precios de la energía escalaron hasta 18,2% y durante el evento de 2015 y 2016 los alimentos registraron incrementos de hasta 18,9%. Los productos identificados como más vulnerables incluyen la papa, el plátano, las frutas frescas, la zanahoria, el arroz, el maíz, la yuca, la cebolla y la arracacha, debido a su alta dependencia hídrica y la limitada posibilidad de sustitución. El sector pecuario tampoco se encuentra exento, dado que la carne de res, la leche y el pescado podrían sufrir presiones por la escasez de forraje, la reducción de fuentes de agua y las alteraciones en los caudales de los ríos. Adicionalmente, la región Caribe registró temperaturas históricas durante las últimas semanas, mientras que Medellín experimentó en mayo un calor 3,4 grados superior al promedio habitual, según mediciones del Ideam.
Frente a este panorama, el Gobierno Nacional dispuso una estrategia de articulación entre el Ministerio de Ambiente, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), el Ideam y el Ministerio de Agricultura, con el propósito de socializar pronósticos, fortalecer capacidades territoriales y coordinar la respuesta institucional. La hoja de ruta contempla una reunión virtual nacional con alcaldías para alinear estrategias de prevención, seguida de encuentros regionales presenciales orientados a acompañar la toma de decisiones en los territorios más expuestos. Las autoridades solicitaron a los municipios y gobernaciones disponer de recursos económicos, equipos técnicos y planes de contingencia anticipados, principalmente en cuencas hidrográficas críticas y zonas con alta exposición agropecuaria. Es importante mencionar que el sector eléctrico también permanece en alerta, ya que la Asociación Colombiana de Generadores de Energía Eléctrica (Acolgen) solicitó activar oportunamente las plantas térmicas para evitar racionamientos similares a los observados durante el último fenómeno climático. La combinación de menor disponibilidad hídrica, mayor demanda eléctrica y caída en la producción agrícola plantea un reto significativo para las metas macroeconómicas trazadas hacia el cierre del 2026, en un contexto donde la inflación nacional ya muestra signos de resistencia a la baja.

Fuente: Sectorial con datos del Ministerio de Ambiente, Ideam y Anif.
Desde Sectorial se considera que la convergencia de tres fenómenos climáticos anómalos representa uno de los mayores riesgos de mediano plazo para la estabilidad económica colombiana, ya que combina presiones simultáneas sobre la oferta agroalimentaria, el suministro eléctrico y las metas de inflación. El antecedente histórico del fenómeno de 2015 y 2016, cuando los alimentos perecederos registraron incrementos cercanos al 18,9%, sugiere que una eventual consolidación del Súper Niño podría dificultar significativamente la trayectoria descendente proyectada por el Banco de la República. A esto se suma la alta dependencia hidroeléctrica del sistema energético nacional, donde más del 70,0% de la generación proviene de embalses sensibles a la sequía. La articulación oportuna entre las autoridades nacionales y territoriales, junto con la activación temprana del respaldo termoeléctrico y la implementación de planes de manejo agrícola adaptativos, serán determinantes para mitigar los efectos sobre los hogares de menores ingresos, quienes históricamente absorben de manera desproporcionada las presiones inflacionarias derivadas de la variabilidad climática.
Para profundizar en el análisis sobre los principales sectores de la economía colombiana, incluyendo las proyecciones sobre inflación, generación eléctrica, producción agropecuaria y dinámica empresarial frente al fenómeno de El Niño, consulte nuestro Índice de Desempeño Sectorial y participe en los Foros Sectoriales, donde se desarrollan en profundidad las variables macroeconómicas y sectoriales que orientan la toma de decisiones estratégicas en el actual escenario de variabilidad climática.
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