El primer semestre de 2025 dibujó para el sector de bebidas un escenario de dos caras. En el ámbito nacional, la demanda se vio contraída, con una caída en el volumen de ventas del 4,3% por factores climáticos. También hubo una fuerte presión sobre el bolsillo del consumidor, cuyo IPC sectorial alcanzó el 11,8% a junio. Este incremento de precios no se explica por los costos de producción que se mantuvieron estables. Más bien, se debe al efecto del impuesto que ha modificado los patrones de compra. En agudo contraste, el comercio exterior vivió una expansión sin precedentes.
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El volumen de exportaciones creció un 60,4%. Las importaciones se dispararon un 335,0%, evidenciando un giro estratégico hacia la compra masiva de productos de bajo costo unitario para abastecer el mercado.

Este reposicionamiento comercial refleja la estrategia de grandes productores como Bavaria, Postobon y Coca-Cola Femsa ante la contracción del consumo doméstico. Las empresas han intensificado operaciones en mercados centroamericanos y caribeños, aprovechando tratados comerciales vigentes. Simultáneamente, la importación masiva de concentrados y bebidas semielaboradas sugiere una reorganización de cadenas de valor, trasladando producción hacia países con menores costos laborales y regulatorios, alterando la composición tradicional del sector.
Para el mediano plazo, esta dinámica plantea riesgos de capacidad ociosa en plantas nacionales y presión sobre empleabilidad en manufactura. Sin embargo, empresas que logren integrar importaciones con distribución local podrían mejorar márgenes operacionales. La recuperación dependerá de la moderación inflacionaria y del comportamiento del impuesto selectivo al consumo, factores determinantes para restaurar demanda interna hacia el segundo semestre.