En 2023, el desempeño del sector cereales en Colombia fue positivo analizado desde la producción, donde sólo una de las seis líneas productivas decreció, el trigo, lo cual llevó a que la producción acumulada incrementara un 4,1%. El maíz blanco y amarillo, tecnificado y tradicional, registró un incremento del 1,5% en producción y representó el 89,6% del total de la producción y el 83,2% del total de la superficie cultivada con cereales en el país.
Artículos Especiales: análisis y cifras
Es precisamente el rendimiento el punto débil del sector, si bien, el global sin ponderar pasó de 3,3 toneladas por hectárea a 3,5; el maíz, que es el segmento del mayor peso, pasó de 3,8 a 3,7 toneladas por hectárea. En relación con el comercio internacional, la balanza del sector continúa ampliamente deficitaria aún con una caída en valor del 17,9% en las importaciones de 2023 y un leve aumento en el valor de las exportaciones. Con relación a las expectativas de corto plazo, se espera que, para 2024, los precios tiendan al alza.

Los departamentos de Córdoba, Tolima y Meta concentran aproximadamente el 60% de la producción nacional de cereales, consolidándose como los principales polos productivos. La participación de productores tecnificados ha crecido gradualmente, aunque persiste una brecha significativa con respecto a países competidores en rendimiento. Factores como variabilidad climática, acceso limitado a insumos de calidad y fragmentación de predios continúan limitando la modernización del sector en regiones tradicionalistas.
La estancación en rendimiento del maíz, principal commodity cerealero, genera presión sobre márgenes operacionales de productores y procesadores. Para empresas integradoras y comercializadoras, esto implica necesidad de innovación en asistencia técnica y adopción de tecnologías de precisión. Ante perspectivas de alzas de precios en 2024, el sector enfrenta ventana estratégica para invertir en productividad, diferenciación de productos y acceso a mercados de mayor valor agregado.