- La competencia tecnológica entre Estados Unidos y China se consolidó como el principal motor del avance científico global.
- China ha cerrado rápidamente la brecha en I+D: en 2023 su inversión representó 96 % de la estadounidense (ajustada por Paridad de poder adquisitivo).
- Estados Unidos mantiene mayor intensidad de inversión: 3,43 % del PIB vs. 2,68 % de China.
- Los modelos de financiamiento difieren: China prioriza innovación aplicada liderada por empresas; EE. UU. fortalece la investigación básica con impulso estatal.
- China lidera en 57 de 64 tecnologías estratégicas, entre ellas IA, baterías, semiconductores y sistemas autónomos.
- La reducción de cooperación científica bilateral desde 2022 genera duplicación de esfuerzos y mayor fragmentación del conocimiento global.
La competencia estratégica entre Estados Unidos y China se ha convertido en uno de los principales impulsores del avance científico y tecnológico a nivel mundial. La búsqueda de liderazgo económico y geopolítico ha situado a la Investigación y Desarrollo (I+D) en el centro de esta rivalidad, modificando el panorama global del conocimiento.
Los datos más recientes (2023-2025) muestran que Estados Unidos mantiene una posición fuerte en investigación básica y en la formación de talento altamente calificado. Sin embargo, China está liderando en la producción científica aplicada y en tecnologías emergentes, gracias a una estrategia enfocada en fuertes inversiones públicas y privadas, especialmente orientadas al desarrollo tecnológico con aplicaciones comerciales e industriales.
El aumento del gasto mundial en I+D se concentra principalmente en estas dos potencias, que representan cerca del 63,0 % del crecimiento global. Además, la diferencia de inversión entre ambos países se ha reducido considerablemente: en 2023, el gasto de China ajustado por Paridad de Poder Adquisitivo (PPA – para facilitar las comparaciones internacionales), alcanzó el 96,0 % del de Estados Unidos, frente al 72,0 % registrado diez años antes. Solo en 2024, China destinó más de 3,6 billones de yuanes a actividades de I+D, con un crecimiento anual del 8,3%.
Aunque el gasto total de China se acerca al estadounidense, la intensidad de la inversión (proporción del gasto en I+D respecto del PIB) continúa siendo mayor en Estados Unidos, con un 3,43 % en 2022, comparado con el 2,68 % de China en 2024.
Las diferencias en los modelos de financiamiento ayudan a explicar las fortalezas de cada uno:
Modelo chino orientado al mercado:
El modelo chino prioriza la aplicación tecnológica. Las empresas chinas han financiado consistentemente más del 75,0 % del gasto total del país en I+D durante varios años consecutivos. Lo anterior acelera la transformación de los avances científicos en productos, servicios y capacidades tecnológicas con impacto económico y militar.
Modelo estadounidense más equilibrado:
Las empresas financian cerca de la mitad de la investigación, mientras que el gobierno tiene un papel clave en áreas estratégicas de ciencia básica como inteligencia artificial, biotecnología o computación avanzada, apoyadas por políticas como la ley CHIPS and Science.
En la producción científica, China ha alcanzado un hito histórico, posicionándose cada vez más para dictar la dirección de las agendas globales de investigación. En 2022, China superó por primera vez a Estados Unidos en la clasificación mundial de artículos científicos más influyentes, una métrica que mide el impacto de la investigación en campos que evolucionan rápidamente (como la biología molecular y la ciencia de materiales).
La calidad de la producción china se refleja en el liderazgo institucional. La Academia de Ciencias de China (CAS) encabezó la clasificación global de Líderes en Investigación del Nature Index 2024, y seis universidades chinas se ubicaron entre los primeros 10 sitios del mundo. En general, China se situó a la cabeza en la producción de investigación de alta calidad en 2023, seguida por Estados Unidos.
El análisis por áreas del conocimiento refleja una especialización diferente:
Dominio Chino: Liderazgo claro en química, ciencia de materiales (disciplinas fundamentales para la manufactura avanzada y la autosuficiencia tecnológica), ingeniería, física y ciencias de la información.
Dominio Estadounidense: Liderazgo en siete campos, destacando medicina clínica, ciencias biológicas, ecología y ciencias ambientales, astronomía, matemáticas, y ciencias sociales.
Un estudio del Australian Strategic Policy Institute (2024) reporta que China supera actualmente a Estados Unidos en 57 de 64 tecnologías clave para la competitividad industrial y militar. Entre las áreas donde China es líder global se encuentran:
- Inteligencia artificial y modelos generativos.
- Baterías y almacenamiento energético (dominando el 70 % del mercado global de baterías para vehículos eléctricos).
- Semiconductores avanzados (logros en chips de 7 nanómetros a pesar de las sanciones).
- Sistemas autónomos y drones.
- Computación Cuántica Aplicada (liderazgo en comunicaciones seguras).
Estados Unidos mantiene liderazgo principalmente en motores aeronáuticos avanzados, arquitectura de microprocesadores, sistemas selectos de guerra electrónica y ciberseguridad de alto nivel.
Otro elemento determinante es el talento científico. China ya supera a Estados Unidos en la cantidad de doctores graduados en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), y está implementando políticas para atraer profesionales internacionales. Al mismo tiempo, el endurecimiento migratorio estadounidense ha reducido la permanencia de científicos extranjeros, lo que representa una pérdida potencial de capital humano para el país.
Históricamente, Estados Unidos se benefició de la migración de este talento, con un 90,0 % de los ciudadanos chinos que completaron doctorados STEM en el país entre 2000 y 2015 quedándose a trabajar. Sin embargo, esta tendencia está revirtiéndose. El endurecimiento de las condiciones migratorias y las tensiones geopolíticas están provocando una “fuga de cerebros” (Brain Drain) para Estados Unidos y una “ganancia de cerebros” (Brain Gain) para China. En un movimiento estratégico, China ha lanzado el “Visado K” para atraer activamente a jóvenes graduados STEM foráneos, permitiéndoles entrar, residir y trabajar en el país sin una oferta laboral preexistente.
La fricción política ha debilitado la colaboración científica binacional. Esta erosión de la cooperación no solo debilita la eficiencia científica global al obligar a esfuerzos paralelos, sino que también priva a Estados Unidos de la oportunidad de participar en el flujo acelerado de innovaciones chinas, creando silos de conocimiento que pueden obstaculizar el progreso mundial.
Estados Unidos enfrenta dificultades para convertir rápidamente sus avances en investigación básica en innovaciones comerciales, mientras que las tensiones geopolíticas amenazan con reducir su base de talento especializado. En contraste, el modelo chino, centralizado y fuertemente impulsado por el Estado, ha demostrado mayor velocidad para alcanzar objetivos tecnológicos estratégicos, desafiando al enfoque estadounidense de libre mercado. En última instancia, el liderazgo científico global dependerá de cuál de los dos sistemas logre equilibrar mejor la innovación disruptiva con la sostenibilidad de su capital humano.