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Teoría Monetaria Moderna: ¿Los Gobiernos Necesitan de los Impuestos para Financiar sus Gastos?

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La Teoría Monetaria Moderna (TMM) ha estado recientemente en el centro de la polémica, pues ha sido recibida con entusiasmo por políticos estadounidenses como la congresista demócrata, Alexandria Ocasio-Cortez, y el precandidato de ese partido, Bernie Sanders. Pero ¿a qué hace referencia? La TMM es una alternativa para describir y analizar los sistemas económicos en los que la moneda es fiduciaria, emitida por el Estado y de curso legal y forzoso. La principal hipótesis de esta teoría es que, dado que el Estado es el monopolista de la emisión de la moneda, y esta no requiere respaldo en oro o en algún otro bien, siempre tendrá capacidad de pago para cumplir con sus obligaciones a través de la emisión de más moneda, es decir, el gobierno no enfrenta una restricción presupuestaria. En la práctica, esto requiere que el banco central del país no sea independiente.

Fuente imagen: shutterstock

Una de las implicaciones de esta teoría es que los gobiernos que emiten su propia moneda pueden financiar sistemáticamente sus déficits presupuestales sin enfrentar restricciones, o sea, los impuestos no son la verdadera fuente de ingresos del Estado. Además, de esta teoría se deriva que, por medio de la emisión de moneda, el gobierno puede comprar la mano de obra desempleada y, de ese modo, ayudar a la economía a alcanzar plenitud de empleo.
Pese a sus aparentes beneficios, un riesgo potencial de implementar la TMM es el de causar hiperinflaciones. En este sentido, Sebastián Edwards, quien fue economista jefe para América Latina del Banco Mundial, señala que esta teoría no es tan moderna y que, de hecho, ya se aplicaron versiones similares en gobiernos populistas de la región, como en Chile, bajo la presidencia de Salvador Allende, en Argentina, durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, y en Venezuela, con Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Como consecuencia, muchos países terminaron con hiperinflación, fuerte devaluación de la moneda local y enormes contracciones del salario real. En todos los casos mencionados, el banco central era controlado por el ejecutivo y carecía totalmente de autonomía.
No obstante, los defensores de la TMM argumentan que las posibles presiones inflacionarias pueden ser corregidas a través de los impuestos, pues estos son usados con el propósito de regular la demanda de dinero en la economía. Así, cuando el gobierno emita suficiente dinero como para presionar al alza la inflación, puede aumentar los impuestos y, dado que estos solo pueden ser pagados con la moneda de curso legal, esto haría que los ciudadanos demanden más dinero para cumplir con sus obligaciones tributarias. En consecuencia, el incremento en los impuestos aumentaría la demanda por dinero y reduciría las presiones inflacionarias causadas por la sobreoferta de dinero inicial. Además, los mayores impuestos disminuirían la renta disponible de las personas, desincentivando la demanda por bienes, lo que, a su vez, aliviaría las presiones inflacionarias.
Así las cosas, la TMM establece que los impuestos solo servirían para controlar la cantidad de dinero en la economía y su velocidad de circulación pero no jugarían ningún papel en las finanzas del Estado. Sin embargo, el nivel de endeudamiento de un gobierno no puede superar los niveles de producción de bienes y servicios, ya que, en ese caso, se generarían altas presiones inflacionarias y estas no podrían corregirse vía impuestos, pues habría demasiado dinero “persiguiendo” la misma cantidad de productos.
Como es previsible, a esta teoría no le faltan detractores. Por ejemplo, algo que se puede extraer de la TMM es que la deuda pública no es deuda en realidad, lo cual es falso en la medida en que se debe atender el pago de intereses sobre la misma. Otra crítica que ha surgido es que las recomendaciones de políticas provenientes de esta teoría se traducirían en inestabilidades financieras en economías abiertas y con tasas de cambio flexibles. Además, muchos académicos, entre ellos el premio Nobel de economía, Paul Krugman, han manifestado su incomodidad con la tesis de que “los déficits no importan”. En este sentido, Krugman sostiene que la TMM no tiene en cuenta las consecuencias, en términos de inflación, de mantener déficits presupuestarios en tiempos de crecimiento económico.
En conclusión, la TMM tiene postulados que son completamente heterodoxos y polémicos, pero que, sin duda, parecen convenientes para los gobernantes que desean ganar adeptos y votantes a través de propuestas de gastos difíciles de financiar por medio de los mecanismos tradicionales.
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