Para el 2026, las organizaciones enfrentan un panorama donde las herramientas tradicionales de gestión de riesgos están resultando insuficientes para detectar amenazas disruptivas y sistémicas. El enfoque convencional tiende a priorizar eventos conocidos y predecibles, subestimando aquellos de baja probabilidad, pero de impacto devastador. La situación crea un sesgo silencioso que analiza los riesgos de forma aislada, sin capturar cómo las amenazas se interconectan para generar crisis organizacionales profundas.
De acuerdo con Auditool, existen cinco riesgos emergentes que actualmente se encuentran fuera del radar de las matrices de riesgo convencionales. El primero es el riesgo geopolítico operativo, donde las tensiones globales impactan directamente la cadena de suministro. A este se suman la dependencia tecnológica crítica de proveedores clave, el riesgo de talento por conocimiento concentrado en expertos no documentados, el riesgo reputacional acelerado por crisis globales en cuestión de horas y los riesgos éticos invisibles derivados de decisiones algorítmicas sin supervisión humana.
Ante este escenario, los expertos sugieren un cambio de paradigma, dejar de preguntar qué tan probable es que algo ocurra para cuestionar qué pasaría si sucede, aunque no tenga precedentes. Un sistema de auditoría moderno debe evaluar la resiliencia ante escenarios extremos pero plausibles, superando la “ceguera organizacional” que implica mantener matrices similares a las de años anteriores. La estabilidad aparente en los indicadores de riesgo actuales no es una señal de seguridad, sino una advertencia sobre la necesidad de actualizar los enfoques para sobrevivir en el entorno de 2026.
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