La soberanía alimentaria en Colombia enfrenta un riesgo creciente debido a la fuerte caída en la producción de granos básicos. Actualmente, el mercado interno depende en un 85,0 % de las importaciones para satisfacer una demanda anual de 260 millones de sacos, mientras la oferta local apenas logra cubrir el 15,0 %. Dicho panorama resulta evidente al observar el retroceso en rubros fundamentales como el maíz amarillo, cuya participación nacional descendió hasta un 7,0 % en 2025, un 3,0 % menos de lo que representó en 2024.
Según el portal Agro Negocios, la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce) atribuye tal fenómeno a las reducciones arancelarias, los bajos precios internacionales y las deficiencias de competitividad locales. Un caso preocupante es el frijol, mientras en 2012 la producción nacional cubría el 77,0 % de la demanda, para el primer semestre de 2025 la situación se invirtió; hoy el producto extranjero aporta el 67,0 % del consumo total a causa de los altos costos operativos internos. Por el contrario, la soya muestra un desempeño productivo más favorable, aunque mantiene una elevada dependencia externa para suplir los requerimientos de la industria de alimentos balanceados.
Frente al complejo escenario, los líderes gremiales exigen implementar medidas estructurales para rescatar el campo. Entre las alternativas propuestas resalta la creación de un sello de abastecimiento nacional que fomente acuerdos de compra directos con la industria transformadora. De igual forma, resulta imprescindible ejecutar inversiones significativas orientadas a optimizar la infraestructura de secado y almacenamiento agrícola. Para complementar tales acciones, los representantes insisten en la necesidad de facilitar el acceso a créditos, promover seguros de cosecha, mejorar las vías terciarias y adoptar buenas prácticas que garanticen la viabilidad financiera de los cultivadores.
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