La economía colombiana enfrenta un cambio estructural en la atracción de capitales foráneos, evidenciando un descenso en la Inversión Extranjera Directa (IED) que ha retrocedido hasta representar el 3,3 % del Producto Interno Bruto (PIB). Este comportamiento, comparable solo con los niveles vistos durante la pandemia, se explica fundamentalmente por la pérdida de dinamismo en los sectores de minería e hidrocarburos, los cuales han dejado de ser el motor principal de la financiación externa del país debido a la incertidumbre regulatoria y la falta de nuevos proyectos de gran envergadura.
Según El Nuevo Siglo, el deterioro es notable al comparar las cifras históricas: hace dos décadas, el sector de minería y petróleo acaparaba el 61,0 % de toda la inversión extranjera que llegaba a Colombia, mientras que actualmente esa participación se ha desplomado al 24,0 %. En términos absolutos, durante los primeros ocho meses de 2024, la inversión total sumó US$ 7.939 millones, reflejando que, aunque áreas como los servicios y la tecnología ganan terreno, no logran compensar los grandes volúmenes de capital que solía movilizar la industria extractiva y que son vitales para la estabilidad macroeconómica.
El panorama se torna más complejo ante la advertencia de analistas sobre la incapacidad del sector servicios para igualar la inversión a largo plazo que generan la minería y la construcción. Adicionalmente, factores externos como la posible descertificación de Estados Unidos en la lucha contra las drogas representan un riesgo latente, dado que este país aporta el 42,0 % de la IED. Para revertir esta tendencia, expertos sugieren que es urgente desbloquear proyectos mineros y energéticos mediante la agilización de licencias y la garantía de seguridad jurídica.
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