El gigante inmobiliario chino Vanke ha iniciado una ronda de negociaciones críticas con sus acreedores, buscando extender el plazo de vencimiento de un bono por valor de 2.000 millones de yuanes (aproximadamente US$ 283 millones). La compañía, que hasta hace poco se consideraba una de las más sólidas del sector estatal, ha propuesto una prórroga de 12 meses respaldada por garantías de empresas controladas por el gobierno de Shenzhen, en un esfuerzo desesperado por evitar lo que sería su primer incumplimiento de pagos en un mercado ya golpeado por la crisis.
Según Swissinfo y EFE, para que esta medida prospere, la promotora necesita la aprobación del 90,0 % de los tenedores de bonos, quienes evalúan una oferta mejorada que incluye el pago de intereses adicionales. La presión financiera sobre la empresa no se detiene ahí, pues se enfrenta a otro vencimiento de US$ 524 millones a finales de diciembre y acumulará obligaciones por cerca de US$ 1.900 millones hasta mediados de 2026. La situación ha generado una alta volatilidad en sus títulos bursátiles, aunque la expectativa de un acuerdo impulsó recientemente sus acciones un 10,0 % en la bolsa de Shenzhen.
El caso de Vanke es emblemático del deterioro del sector inmobiliario chino, cuyas ventas comerciales se desplomaron un 12,9 % en 2024, sumándose a las caídas de los dos años anteriores. La firma, que había logrado evitar el impago gracias a inyecciones de liquidez por US$ 4.200 millones de su principal accionista, perdió su calificación crediticia favorable en 2024, pasando a categoría de “bono basura”. Este escenario revive los temores de contagio financiero que ya protagonizaron otros colosos como Evergrande, poniendo a prueba la capacidad de intervención de las autoridades chinas.
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