Colombia enfrenta un riesgo inminente en la continuidad del servicio eléctrico debido a múltiples factores estructurales. Según estimaciones del sector, el déficit entre la oferta de energía firme y la demanda se ubica actualmente cerca del -2,0%, con proyecciones de alcanzar el -3,5% en los próximos años. Dicho escenario reduce drásticamente la capacidad de respuesta ante picos de consumo o contingencias climáticas como el fenómeno de El Niño, evidenciando un desfase crítico tras registrarse el ingreso de apenas el 0,6% de la capacidad de generación esperada durante el año 2026.
De acuerdo con el diario Portafolio, la problemática trasciende la generación de energía, extendiéndose a graves deficiencias en la infraestructura de transmisión. Voceros gremiales advierten sobre redes colapsadas y retrasos en proyectos que alcanzan hasta los 13 años a nivel nacional, impidiendo la integración fluida de nuevas plantas al sistema. Simultáneamente, el panorama se agrava ante la caída en las reservas de gas natural, proyectando una probabilidad de déficit del 53,0% para 2026 y del 70,0% para 2027 en escenarios de alta demanda, limitando el respaldo termoeléctrico fundamental durante periodos de sequía.
A nivel corporativo, las empresas del sector soportan una inmensa presión financiera que asciende a 9,2 billones de pesos, derivada del impago de subsidios, deudas oficiales y la opción tarifaria. Representantes de la Asociación Colombiana de Generadores de Energía Eléctrica (Acolgen) señalan que un eventual racionamiento impactaría severamente el empleo y el crecimiento, estimando costos equivalentes a 1,5 puntos del Producto Interno Bruto nacional. Frente a la reducción continua de los márgenes operativos, las asociaciones intergremiales solicitan la implementación urgente de un plan de choque financiero y regulatorio para restablecer la confianza, incentivar la inversión y salvaguardar la seguridad energética del territorio.
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