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¿Por qué en SUECIA la gente trabaja menos y produce más que casi cualquier país del mundo?

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Cuando se habla de productividad, muchas personas asumen que trabajar más horas significa producir más riqueza. Sin embargo, Suecia demuestra que esa relación no siempre existe. Mientras un trabajador sueco dedica alrededor de 1.421 horas al año a su empleo, en países como México, Chile o Colombia las jornadas laborales superan ampliamente las 2.000 horas anuales. A pesar de ello, la economía sueca mantiene uno de los niveles de productividad por hora trabajada más altos del mundo.

Este contraste ha convertido a Suecia en uno de los casos de estudio más interesantes para economistas y gobiernos que buscan mejorar la competitividad sin aumentar las jornadas laborales.

Pero ¿cuál es realmente el secreto del modelo sueco?

Menos horas no significa menor productividad

Las estadísticas de la OCDE muestran un patrón consistente: muchos de los países que menos horas trabajan son también algunos de los más productivos.

Suecia comparte este grupo con Alemania, Dinamarca, Países Bajos, Noruega, Finlandia e Islandia. En todos estos casos, el valor económico generado por cada hora trabajada supera ampliamente el promedio de las economías desarrolladas.

La explicación no está en trabajar más rápido, sino en contar con empresas altamente tecnológicas, trabajadores mejor capacitados y procesos productivos mucho más eficientes.

En otras palabras, la productividad depende mucho más del valor que genera cada hora que del número total de horas trabajadas.

Si te interesa entender cómo otros países europeos construyeron modelos económicos exitosos, también puedes ver nuestro análisis sobre Portugal, una economía que pasó de una profunda crisis financiera a convertirse en una de las más dinámicas de Europa.  

El acuerdo que cambió la historia económica de Suecia

Uno de los pilares del modelo sueco nació mucho antes del auge tecnológico.

En 1938, sindicatos y empresarios firmaron el histórico Acuerdo de Saltsjöbaden, considerado uno de los pactos laborales más importantes del siglo XX.

Su objetivo era sencillo: reducir los conflictos laborales mediante la negociación permanente.

Durante décadas, huelgas y cierres patronales dejaron de ser la primera opción y pasaron a convertirse en el último recurso.

Esa estabilidad permitió que empresas y trabajadores concentraran sus esfuerzos en aumentar la productividad en lugar de enfrentar constantes disputas laborales.

Muchos economistas consideran que este acuerdo fue una de las bases institucionales sobre las que posteriormente se construyó el éxito económico sueco.

Tecnología, innovación y empresas globales

La productividad sueca tampoco puede entenderse sin observar su estructura empresarial.

Empresas como Ericsson, Volvo, IKEA, Spotify, ABB o AstraZeneca operan en sectores donde cada trabajador genera un elevado valor agregado gracias al uso intensivo de tecnología.

Además, Suecia invierte una parte importante de su riqueza en investigación, desarrollo e innovación.

El resultado es una economía donde la automatización permite producir más utilizando menos tiempo de trabajo humano.

Este mismo fenómeno también está transformando otras economías desarrolladas.

Por ejemplo, en nuestro análisis sobre China explicamos cómo la automatización y la innovación tecnológica forman parte de su estrategia para competir con Estados Unidos.  

La cultura laboral también importa

Otro elemento diferencial es la forma como las empresas evalúan el desempeño.

En Suecia no se premia permanecer más tiempo sentado frente a un computador.

Lo importante son los resultados.

Las jornadas flexibles, el teletrabajo y las tradicionales pausas conocidas como fika forman parte de una cultura empresarial que busca mantener altos niveles de concentración y bienestar.

Lejos de reducir la productividad, numerosos estudios muestran que estos espacios fortalecen la cooperación entre equipos y disminuyen el agotamiento laboral.

El propio gobierno reconoce que el éxito no está garantizado

Aunque Suecia suele aparecer como ejemplo internacional, las autoridades saben que la productividad no mejora por sí sola.

Por eso, en 2023 el gobierno creó una Comisión Nacional de Productividad encargada de identificar reformas para fortalecer tanto el sector privado como el público.

La decisión refleja una idea importante: incluso las economías más eficientes necesitan adaptarse continuamente a los cambios tecnológicos y demográficos.

Los problemas que pocas veces se mencionan

El modelo sueco también enfrenta desafíos importantes.

Su carga tributaria es una de las más elevadas de la OCDE y el envejecimiento de la población presiona cada vez más el sistema de pensiones y el Estado de bienestar.

Además, buena parte del poder económico continúa concentrado en unos pocos grupos empresariales históricos, como la familia Wallenberg, cuya influencia sobre algunas de las principales compañías del país sigue siendo considerable.

Estos factores recuerdan que ningún modelo económico está libre de riesgos.

¿Puede América Latina copiar el modelo sueco?

Esta es probablemente la pregunta más frecuente.

La respuesta corta es no.

Reducir la jornada laboral sin modificar el resto de la economía difícilmente generará los mismos resultados.

Suecia primero construyó instituciones sólidas, invirtió durante décadas en educación, tecnología, innovación y productividad empresarial.

Solo después pudo permitirse jornadas laborales más cortas.

Países con baja inversión en capital tecnológico, altos niveles de informalidad o sectores productivos poco sofisticados enfrentan condiciones completamente distintas.

Por eso, el verdadero aprendizaje del caso sueco no consiste simplemente en trabajar menos.

Consiste en aumentar el valor que produce cada hora de trabajo.

Una lección para el futuro

El caso de Suecia demuestra que la riqueza de un país no depende únicamente del tiempo que pasan sus ciudadanos trabajando.

Depende de la calidad de sus instituciones, de su capacidad de innovar, del nivel educativo de su población y del tipo de empresas que logre desarrollar.

Trabajar menos horas fue la consecuencia de décadas de inversión en productividad, no el punto de partida.

Y esa quizá sea la enseñanza más importante para cualquier economía que aspire a crecer de forma sostenible: antes de discutir cuántas horas trabajar, es necesario preguntarse cuánto valor es capaz de generar cada una de ellas.

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