La industria de bebidas no alcohólicas en Colombia enfrentó un 2025 marcado por un ajuste estructural ante la consolidación de los impuestos saludables y un cambio profundo en los hábitos de consumo de los hogares. El Producto Interno Bruto (PIB) del sector (incluyendo tabaco) registró una contracción del 1,3 % en el periodo enero a septiembre de 2025, situándose en $5,9 billones. Esta desaceleración responde a la pérdida de asequibilidad generada por el traslado de las tarifas impositivas ($38,0 y $65,0 por cada 100ml) al precio final, sumada a una cautela instalada en el gasto de los consumidores y disrupciones logísticas por factores climáticos. A pesar del entorno interno retador, las ventas externas mostraron una resiliencia notable, creciendo un 25,4 % a noviembre, consolidándose como un amortiguador financiero clave para las compañías del sector.
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La presión tributaria también ha incentivado una migración hacia bebidas de menor valor agregado y marcas privadas, fragmentando el mercado tradicional. Empresas como Coca-Cola, Postobon y Bavaria han reconfigurado portafolios, enfatizando categorías menos gravadas como agua embotellada y bebidas funcionales. Este reposicionamiento refleja adaptación sectorial, aunque con márgenes operativos comprimidos, especialmente en segmentos populares donde la elasticidad precio-demanda es más pronunciada.
Las exportaciones hacia mercados centroamericanos y del Caribe representan oportunidades críticas para compensar contracción doméstica. Sin embargo, la volatilidad cambiaria, competencia de proveedores regionales y dependencia de materias primas importadas (edulcorantes, envases) generan vulnerabilidades. Empresas requieren diversificación geográfica y eficiencia operativa para sostener rentabilidad en un contexto donde la demanda interna permanecerá contenida durante 2026.