La aparente contradicción entre una tasa de desocupación históricamente baja (8,8%) y un crecimiento económico anémico (2,2%) revela que el mercado laboral colombiano no está absorbiendo mano de obra a través de la expansión del sector empresarial formal. Por el contrario, el indicador se sostiene sobre el fenómeno del autoempleo, el cual representa el 45,8% de la población ocupada y actúa como un amortiguador social frente a la contracción de la inversión privada y las altas tasas de interés.
Artículos Especiales: análisis y cifras
La reducción en la presión sobre el mercado de trabajo está influenciada de manera significativa por determinantes demográficos y de inactividad, reflejados en el incremento de la población fuera de la fuerza laboral (que pasó de 9 millones en 2017 a 11,2 millones en el inicio de 2026). Este incremento responde no solo a dinámicas formativas o de jubilación, sino también al desincentivo laboral generado por las transferencias monetarias y subsidios estatales, lo que altera artificialmente la base de cálculo del desempleo tradicional.
El éxodo sin precedentes de 1,4 millones de colombianos en los últimos seis años (alcanzando un acumulado de 5,8 millones en el exterior) representa una fuga masiva de capital humano que reduce de forma exógena la oferta de fuerza de trabajo disponible en el país. Esta pérdida de talento aminora la competencia interna por puestos de trabajo, generando un sesgo a la baja en la tasa de desempleo que no guarda relación con una mejora real en la salud macroeconómica del país.
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