La industria manufacturera colombiana registró un nuevo mes de contracción en mayo de 2026, con un desempeño particularmente adverso para el eslabón textil de la cadena de moda. Mientras la producción real del sector fabril retrocedió 0,4 % y las ventas cayeron 0,8 % frente al mismo mes de 2025, la actividad de hilatura, tejeduría y acabado de productos textiles se hundió 20,8 %, y la confección de prendas de vestir bajó 11,3 %, ubicándose entre los subsectores que más restaron al resultado industrial del país.
Fabricación Textiles y Tejidos: análisis y cifras
El deterioro coincide con un escenario cambiario que complica aún más el panorama: el dólar se ha instalado en niveles cercanos a los $3.200, un piso no visto desde mediados de 2019, lo que reduce el margen de las empresas que dependen de las ventas internacionales para sostener su operación. La coyuntura resulta especialmente sensible para un sector que, desde la década de 1990, ha construido buena parte de su prestigio sobre la vocación exportadora, y que ahora debe repensar su estrategia comercial ante un tipo de cambio que castiga directamente la conversión de sus ingresos en dólares.
De acuerdo con FashionNetwork, la cotización del dólar en niveles cercanos a los $3.200 pesos, un retroceso que devuelve la divisa a la franja previa a la pandemia, erosiona la competitividad de las marcas colombianas que facturan en el exterior, justo cuando el costo de la mano de obra del sector ha subido 111,0 % en los últimos seis años y la jornada laboral semanal se redujo 15,0 %, elevando el costo unitario por prenda producida en el país. Las exportaciones del sector textil-confección colombiano se han mantenido históricamente por debajo de los US$1.000 millones anuales, un techo que la coyuntura cambiaria actual dificulta superar en el corto plazo.
Ante este panorama, empresarios del sector han optado por reforzar el consumo interno como plan de contingencia, apostando por el comercio electrónico, la diversificación hacia ciudades intermedias como Ibagué, Bucaramanga, Pereira y Manizales, y la velocidad de respuesta del modelo de “pronto moda” frente a las importaciones asiáticas, factores que podrían amortiguar parcialmente el golpe a la producción mientras se define el comportamiento del tipo de cambio en el segundo semestre. Medios como AmericaMalls & Retail coinciden en que, aunque el mercado externo sigue siendo la meta de largo plazo para los diseñadores nacionales, el consumidor local se ha convertido en un activo estratégico de primer orden mientras persistan los vientos en contra cambiarios.
Para Sectorial, el retroceso de mayo confirma que el sector textil-confección colombiano enfrenta una doble presión: una demanda externa golpeada por un tipo de cambio que reduce el valor en pesos de cada dólar exportado, y unos costos internos, salariales y regulatorios, que no ceden al mismo ritmo. La combinación explica por qué la hilatura y la tejeduría, eslabones más expuestos a la competencia internacional, caen con mayor fuerza que la confección final, más orientada al mercado doméstico. En el corto plazo, la resiliencia del sector dependerá de qué tan rápido las empresas logren trasladar parte de su oferta hacia el consumo local y de la evolución del dólar en los próximos meses, un factor que podría revertirse si persisten las presiones fiscales sobre la moneda. Sectorial considera que el reto no es coyuntural: exige diversificar mercados de destino, ganar productividad y fortalecer canales digitales para que la industria no dependa exclusivamente de un tipo de cambio favorable para ser competitiva a escala internacional.
Para un seguimiento detallado del comportamiento exportador del sector textil-confección y su exposición cambiaria, consulte los Reportes EXIM de Sectorial. Si su interés es evaluar el desempeño financiero y competitivo de las empresas del sector frente a sus pares de la industria, el Índice de Desempeño Sectorial ofrece un diagnóstico actualizado mes a mes.
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