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El regreso del mercantilismo: por qué una doctrina del siglo XVI define las guerras comerciales de 2026

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Una doctrina económica del siglo XVI continúa definiendo las guerras comerciales del 2026. En el último año, Estados Unidos impuso aranceles del 10% a casi todos los países del mundo y un acumulado del 54% sobre productos chinos. La idea no es nueva. Tiene más de 500 años. Y vuelve con fuerza.

Bienvenidos a Economía y Desarrollo. Hoy hablaremos del mercantilismo, la doctrina económica que dominó Europa durante casi 300 años y que pensábamos enterrada desde 1776. Sin embargo, en este 2026 ha regresado bajo nuevos nombres: neomercantilismo, friendshoring, política industrial, aranceles recíprocos. La premisa original era simple: un país es rico cuando exporta más de lo que importa, acumula metales preciosos y el Estado interviene en cada operación comercial.

Para este año, el escenario internacional muestra que esta lógica está plenamente activa. Estados Unidos cerró 2025 con un déficit comercial en máximos históricos, a pesar de imponer los aranceles más altos desde la década de 1930. China asigna recursos masivos al sector privado, pero exige alineación con la estrategia industrial del Estado. Lo más sorprendente es por qué un sistema económico oficialmente superado hace 250 años regresó al centro del debate global. La respuesta está en cómo nació y por qué nunca se fue del todo.

El origen: monarquías absolutistas y la fiebre del oro

El mercantilismo no nació como una teoría unificada. Fue un conjunto de prácticas y creencias económicas que dominaron Europa Occidental entre los siglos 16 y 18, en el contexto del fin del feudalismo y el ascenso de las monarquías absolutistas. Su origen está vinculado a dos hechos históricos: la consolidación del poder real centralizado y el descubrimiento de América en 1492, que abrió la puerta a la llegada masiva de oro y plata desde las minas del Nuevo Mundo.

La premisa central de esta doctrina era que la riqueza de una nación se medía por la cantidad de metales preciosos que pudiera acumular. Esta idea, conocida como bullionismo, partía de una concepción específica del comercio internacional: el intercambio mundial era un juego de suma cero, donde la ganancia de un país equivalía a la pérdida de otro. Bajo esta lógica, no existía la posibilidad de crecimiento conjunto entre naciones, lo que justificaba políticas agresivas de exportación y restricción de importaciones.

El economista italiano Antonio Serra publicó en 1613 una de las primeras obras estructuradas sobre el tema, un tratado considerado por los historiadores como un texto fundacional de la economía política. Sus análisis sobre el comercio mediterráneo en ciudades como Venecia, Génova y Pisa establecieron las bases analíticas del mercantilismo como escuela.

Los pilares de la doctrina mercantilista

El sistema mercantilista se sostuvo sobre elementos centrales. El primero fue la acumulación de metales preciosos. Las monarquías europeas consideraban que el oro y la plata constituían la única forma verdadera de riqueza, ya que permitían financiar ejércitos, sostener las cortes reales y proyectar poder político en el escenario internacional.

El segundo pilar fue el principio de la balanza comercial favorable. El objetivo de los gobiernos consistía en exportar mercancías de alto valor agregado y limitar las importaciones, con el fin de generar un superávit que se materializara en ingresos netos de oro y plata desde el extranjero.

El tercer pilar fue la intervención permanente del Estado en la actividad económica. Las monarquías establecían monopolios reales, otorgaban privilegios a sectores productivos específicos, regulaban las prácticas comerciales y aplicaban impuestos aduaneros estrictos para proteger la producción local. La iniciativa privada existía, pero operaba bajo el marco regulatorio definido por el monarca.

El cuarto pilar fue el colonialismo. Las potencias europeas justificaron la expansión territorial en América, África y Asia como un mecanismo para asegurar materias primas baratas, mercados cautivos para sus productos manufacturados y acceso directo a recursos como oro, plata, especias y productos agrícolas. España consolidó esta práctica con la extracción de metales desde sus territorios americanos; Inglaterra, Francia y los Países Bajos replicaron el modelo en distintas regiones del mundo.

El colbertismo: la versión francesa del mercantilismo

El caso más documentado de aplicación práctica del mercantilismo fue el de Francia bajo el reinado de Luis 14, conocido como colbertismo. Jean-Baptiste Colbert, contralor general de finanzas entre 1665 y 1683, diseñó un sistema económico altamente intervencionista basado en el fortalecimiento de la industria local y la protección sistemática del mercado interno.

Colbert estableció manufacturas reales para producir bienes de exportación como tapices, espejos y textiles. Aplicó tarifas elevadas a las importaciones, financió compañías comerciales como la Compañía de las Indias Occidentales y desarrolló una red de carreteras y comunicaciones internas para fortalecer el comercio nacional. Bajo su administración, Francia consiguió acumular reservas considerables de metales preciosos a pesar de no contar con minas propias en su territorio.

Sin embargo, el modelo presentó limitaciones estructurales. El intervencionismo excesivo generó rigidez en los mercados, beneficios desproporcionados para las élites comerciales cercanas al poder y un sistema de deuda estatal creciente que comprometería las finanzas francesas en los siglos posteriores. Los historiadores económicos coinciden en que el colbertismo, a largo plazo, dejó a Francia rezagada frente al modelo más flexible que se desarrollaba en Inglaterra y los Países Bajos.

La caída: adam smith y la crítica del libre comercio

En 1776, el economista escocés Adam Smith publicó La Riqueza de las Naciones, un texto que desmontó analíticamente los principios fundamentales del mercantilismo. Smith sostuvo que la riqueza real de una nación no se mide en la cantidad de oro acumulado, sino en el producto anual del trabajo y la tierra del país, un concepto cercano a lo que hoy denominamos Producto Interno Bruto.

La crítica de Smith se centró en tres puntos. Primero, el mercantilismo beneficiaba a los productores y comerciantes privilegiados por el Estado, pero perjudicaba a los consumidores al imponer precios artificialmente altos. Segundo, los aranceles y restricciones distorsionaban la asignación natural del capital, dirigiéndolo hacia sectores poco productivos por decisión política. Tercero, la división del trabajo y la especialización productiva permitían que naciones diferentes se beneficiaran mutuamente del intercambio comercial, refutando la idea de que el comercio era un juego de suma cero.

El filósofo escocés David Hume había planteado antes un argumento técnico decisivo: era imposible que un país mantuviera una balanza comercial positiva de forma indefinida, porque la entrada constante de metales preciosos elevaría los precios internos, encarecería las exportaciones y eventualmente revertiría el flujo. La doctrina mercantilista, según este razonamiento, se autoderrotaba con el tiempo.

A finales del siglo 18, las ideas liberales comenzaron a desplazar al mercantilismo como marco económico dominante, inspirando las reformas comerciales aplicadas por el primer ministro británico William Pitt el Joven.

El regreso: neomercantilismo en el siglo xxi

Aunque la doctrina clásica fue oficialmente superada, sus principios fundamentales nunca desaparecieron por completo. Bajo el nombre de neomercantilismo, este enfoque resurgió con fuerza durante la segunda mitad del siglo 20, particularmente en períodos de tensión comercial entre potencias. La diferencia con el modelo original es que la acumulación de metales preciosos fue reemplazada por la acumulación de reservas internacionales en divisas y la protección de capacidades industriales estratégicas.

El neomercantilismo contemporáneo se manifiesta en cuatro prácticas concretas. La primera es el uso de aranceles para proteger industrias domésticas frente a la competencia extranjera. La segunda es el control gubernamental del movimiento de capitales y de las decisiones monetarias. La tercera es la promoción activa de las exportaciones mediante subsidios estatales directos. La cuarta es la priorización de sectores estratégicos como semiconductores, energía y defensa para reducir la dependencia frente a proveedores externos considerados rivales geopolíticos.

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Casos actuales: aranceles y subsidios en 2026

El ejemplo más representativo del retorno del mercantilismo es la política comercial reciente de Estados Unidos. El 2 de abril de 2025, el presidente Donald Trump declaró el denominado “Liberation Day”, imponiendo un arancel base del 10% sobre casi todos los productos importados y aranceles adicionales que alcanzaron, en el caso de China, un acumulado del 54%. La justificación oficial fue la necesidad de corregir el déficit comercial estadounidense y reactivar la industria nacional.

Profundiza en este tema: Si te interesa entender más sobre la guerra comercial entre Estados Unidos y China y sus implicaciones económicas, te recomendamos este análisis de Economía y Desarrollo.

Los resultados, sin embargo, no respaldaron las predicciones de la teoría mercantilista. Durante 2025, la inversión extranjera directa en Estados Unidos totalizó 288.400 millones de dólares, una cifra inferior al promedio de los diez años previos. El déficit comercial de bienes alcanzó un máximo histórico, según datos publicados por la Oficina de Análisis Económico en marzo de 2026. En febrero de ese mismo año, la Corte Suprema declaró ilegal el uso de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional para imponer estos aranceles en el caso Learning Resources contra Trump.

En paralelo, el Estado estadounidense aplicó políticas industriales clásicamente mercantilistas. La Ley CHIPS de 2022 destinó alrededor de 52.700 millones de dólares en subsidios para fabricantes de semiconductores, junto con un crédito fiscal del 25% para nuevas inversiones. La Ley de Reducción de la Inflación asignó aproximadamente 400.000 millones de dólares para tecnologías verdes. En conjunto con la Ley Bipartidista de Infraestructura, estos tres programas proyectan una inyección superior a los dos billones de dólares en sectores estratégicos.

China desarrolla un esquema similar a través de su Ley de Promoción de la Economía Privada de 2025, donde el Estado coordina activamente el crédito hacia lo que el gobierno denomina “nuevas fuerzas productivas”. La Unión Europea avanza con su propia Ley de Chips y subsidios para tecnologías limpias.

También te puede interesar: Nuestro video sobre si China superará a Estados Unidos analiza en profundidad las capacidades económicas y estratégicas de ambas potencias en este nuevo escenario global.

¿Volvimos al siglo xvii o nunca salimos?

El mercantilismo fue oficialmente sustituido por el liberalismo económico hace más de doscientos años, pero su lógica subyacente nunca abandonó por completo las decisiones de política económica de las grandes potencias. La diferencia con el siglo 17 es en buena medida de vocabulario: donde antes se hablaba de balanza comercial favorable, ahora se habla de superávit estratégico; donde se acumulaba oro, ahora se acumulan reservas internacionales y capacidades tecnológicas; donde se otorgaban monopolios reales, ahora se firman contratos de subsidios industriales.

Las grandes economías han demostrado en este 2026 que, cuando perciben amenazas a su seguridad nacional o a su posición competitiva global, recurren sin excepción a los principios mercantilistas. La pregunta de fondo es por qué, después de 250 años de evidencia económica sobre los costos del proteccionismo, los gobiernos continúan aplicando las mismas fórmulas. ¿Es el mercantilismo una respuesta racional frente a la competencia geopolítica del siglo 21, o una constante histórica que refleja las limitaciones reales de los Estados frente al mercado global? ¿Estamos presenciando una corrección temporal del libre comercio o el inicio de un nuevo ciclo económico definido por las viejas ideas?

La discusión sobre el regreso del mercantilismo afecta directamente los precios que pagan los consumidores, las inversiones extranjeras que llegan a las economías emergentes y las oportunidades de empleo industrial en cada región. ¿Crees que el proteccionismo es una solución viable para los países en desarrollo o una trampa que limita el crecimiento de largo plazo? Déjanos tu opinión en los comentarios. Si te gustó el video, activa las notificaciones, dale me gusta, suscríbete y comenta qué otro tema económico te gustaría que analizáramos.

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