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Stablecoins y el futuro de los pagos globales

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¿Sabías que el sistema que usamos hoy para enviar dinero al extranjero tiene más de cincuenta años, y hay una tecnología que ya lo está reemplazando sin que la mayoría lo sepa?

Cuando alguien envía dinero de España a Colombia, o de Estados Unidos a México, esa transacción no viaja directamente de un banco a otro. Pasa por una red de instituciones intermediarias que añaden tiempo, complejidad y costos. Según el Banco Mundial, en el tercer trimestre de 2025, enviar 200 dólares al extranjero costó en promedio el 6,36% del monto enviado. Mientras ese sistema sigue operando bajo una lógica diseñada hace décadas, una nueva infraestructura financiera está creciendo en paralelo: las stablecoins.

Si te interesa entender cómo la tecnología está transformando las finanzas globales, también te puede interesar nuestro análisis sobre el futuro del dinero y las monedas digitales.

Del espectáculo cripto a la infraestructura financiera

Durante años, las criptomonedas estuvieron asociadas principalmente a la especulación. Bitcoin alcanzando máximos históricos, proyectos que prometían rendimientos extraordinarios y una narrativa centrada en ganancias rápidas dominaron la conversación pública.

Sin embargo, mientras la atención se concentraba en la volatilidad de los mercados, una categoría específica de activos digitales crecía silenciosamente: las stablecoins. A diferencia de Bitcoin, cuyo precio fluctúa constantemente, las stablecoins buscan mantener un valor estable, generalmente vinculado al dólar estadounidense.

Los números reflejan esa evolución. Según datos de la industria recopilados por diversas firmas financieras, en 2025 las stablecoins procesaron cerca de 33 billones de dólares en transacciones anuales, superando ampliamente los volúmenes de muchos sistemas de pago tradicionales.

¿Qué es exactamente una stablecoin?

Una stablecoin es una moneda digital diseñada para mantener un valor estable. En la práctica, funciona como una representación digital de una moneda tradicional.

Por ejemplo, un token de USDT o USDC equivale aproximadamente a un dólar estadounidense. Detrás de estas monedas digitales existen reservas compuestas por efectivo, bonos del Tesoro de Estados Unidos u otros activos de alta liquidez que respaldan su valor.

La gran diferencia frente al sistema financiero tradicional es que estas monedas pueden transferirse a través de redes blockchain, lo que elimina gran parte de los intermediarios involucrados en una transferencia internacional convencional.

Para comprender mejor cómo funcionan las tecnologías financieras que están transformando la economía global, también puedes ver nuestro video sobre innovación financiera y transformación digital.

El problema que intentan resolver

Mover dinero entre países sigue siendo un proceso sorprendentemente costoso.

Cuando una persona realiza una transferencia internacional tradicional, los bancos utilizan redes de corresponsalía financiera donde varias entidades participan en la operación. Cada institución cobra una comisión y añade tiempo al proceso.

Según el Banco Mundial, los bancos tradicionales continúan siendo uno de los canales más costosos para el envío de remesas internacionales. En algunos corredores financieros, los costos pueden superar el 10% del monto enviado.

Considerando que las remesas mundiales alcanzaron aproximadamente 905.000 millones de dólares en 2024, incluso pequeñas reducciones en costos pueden representar miles de millones de dólares adicionales llegando directamente a las familias que dependen de estos recursos.

Una infraestructura paralela para mover dinero

Las stablecoins ofrecen una alternativa basada en tres características principales:

Liquidación casi instantánea.

Operación continua las 24 horas del día.

Costos significativamente inferiores a muchos sistemas tradicionales.

Los pagos empresariales mediante stablecoins crecieron de manera acelerada entre 2023 y 2025. Empresas multinacionales, proveedores de servicios financieros y plataformas de pago comenzaron a utilizarlas para operaciones transfronterizas debido a su eficiencia.

La adopción ya no está limitada al ecosistema cripto. Compañías como Visa, Mastercard, PayPal y JPMorgan han desarrollado proyectos relacionados con esta tecnología, reconociendo que existe una demanda real por sistemas de pago más rápidos y económicos.

¿Sirven para ahorrar?

La respuesta depende del contexto.

Una stablecoin mantenida simplemente en una billetera digital conserva su valor, pero no genera rendimientos por sí misma. Un USDC seguirá valiendo aproximadamente un dólar mañana, la próxima semana o el próximo mes.

Sin embargo, algunas plataformas financieras permiten depositar stablecoins y obtener rendimientos mediante préstamos, mercados monetarios digitales u otros mecanismos financieros.

En determinados momentos de 2025, algunas plataformas ofrecían rendimientos superiores a los de muchas cuentas de ahorro tradicionales en economías desarrolladas. No obstante, estos rendimientos vienen acompañados de riesgos adicionales asociados a las plataformas utilizadas, por lo que no deben considerarse equivalentes a un depósito bancario convencional.

América Latina: donde las stablecoins tienen más sentido

En América Latina, el atractivo de las stablecoins va más allá de la eficiencia en los pagos.

En países que han experimentado alta inflación, restricciones cambiarias o depreciaciones monetarias significativas, las stablecoins se han convertido en una herramienta para acceder digitalmente al dólar estadounidense.

Argentina es uno de los ejemplos más visibles. Durante los años de inflación elevada, millones de personas buscaron mecanismos para proteger su poder adquisitivo. Situaciones similares, aunque con diferentes intensidades, también se observaron en países como Venezuela.

Según estimaciones de entidades financieras internacionales, una parte significativa del uso global de stablecoins se concentra precisamente en mercados emergentes donde el acceso al dólar físico es limitado, costoso o regulado.

En estos contextos, las stablecoins cumplen una doble función: facilitan pagos internacionales y actúan como reserva de valor.

La regulación empieza a ponerse al día

Uno de los mayores obstáculos para la expansión de las stablecoins fue durante años la incertidumbre regulatoria.

Esa situación comenzó a cambiar. En 2025, Estados Unidos aprobó el GENIUS Act, una de las primeras iniciativas federales orientadas a establecer reglas claras para la emisión y supervisión de stablecoins. Paralelamente, la Unión Europea avanzó con el reglamento MiCA, mientras que países como Japón, Singapur y Emiratos Árabes Unidos desarrollaron marcos regulatorios específicos.

Estas regulaciones buscan garantizar que las stablecoins estén adecuadamente respaldadas, que existan auditorías periódicas y que los usuarios cuenten con mayores niveles de protección.

La regulación no elimina todos los riesgos, pero sí reduce parte de la incertidumbre que durante años limitó la participación de actores institucionales.

Más que una criptomoneda

Las stablecoins suelen clasificarse dentro del universo de las criptomonedas, pero su función económica es muy diferente.

Bitcoin fue diseñado principalmente como una alternativa descentralizada al dinero tradicional y como una reserva de valor digital. Las stablecoins, en cambio, buscan resolver problemas concretos relacionados con pagos, transferencias internacionales y acceso a monedas estables.

Por eso, más que una nueva inversión especulativa, representan una nueva capa de infraestructura financiera.

Una transformación silenciosa

La verdadera relevancia de las stablecoins no está en la tecnología en sí misma, sino en el problema que intentan resolver.

Para una empresa, pueden significar pagos internacionales más rápidos y baratos. Para un trabajador migrante, pueden reducir los costos de enviar dinero a su familia. Para una persona que vive en una economía inestable, pueden representar acceso a una moneda relativamente estable.

Las stablecoins probablemente no reemplazarán a los bancos, pero sí están obligando al sistema financiero tradicional a modernizar procesos que llevaban décadas funcionando prácticamente igual.

La pregunta ya no parece ser si esta tecnología tendrá impacto. Los datos muestran que ese impacto ya está ocurriendo. La verdadera incógnita es qué tan rápido se adaptarán gobiernos, bancos y ciudadanos a una transformación que podría redefinir la forma en que el dinero se mueve alrededor del mundo.

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