Durante el primer semestre de 2026, el sector arrocero colombiano atravesó una etapa crítica marcada por una caída del 12,3% en la producción mecanizada y una reducción del 22,3% en el área sembrada. Simultáneamente, las importaciones de arroz experimentaron un aumento del 239,5%, alcanzando las 288,2 mil toneladas. Este ingreso de grano extranjero, combinado con un retroceso del 8,2% en el consumo per cápita anual registrado el año anterior, ha saturado el mercado y presionado a toda la cadena productiva.
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Este escenario desencadenó una aguda crisis de rentabilidad para los productores locales. En departamentos como Huila y Tolima, los agricultores reportan pérdidas que oscilan entre $1,8 y $2,5 millones de pesos por hectárea. Frente a esta coyuntura, el Gobierno implementó un plan de choque con alivios financieros e inició investigaciones contra siete empresas por pagar precios inferiores a los regulados. Finalmente, el sector enfrenta el desafío urgente de adoptar nuevas tecnologías agrícolas para sobrevivir a la inminente amenaza de sequía extrema que traerá el fenómeno de El Niño.

