El cierre del actual cuatrienio de gobierno deja en evidencia que la meta de reducir la dependencia externa de maíz no se cumplió. Entre 2025 y lo corrido de 2026, las compras de maíz blanco y amarillo en el exterior pasaron de cerca de 6,8 millones de toneladas a un volumen que ya se acerca a los 7,5 millones de toneladas, un incremento del 10,3%. La cifra desmonta uno de los objetivos planteados por la actual administración: ampliar el área sembrada, especialmente en la región Caribe, y fortalecer el apoyo a los agricultores para disminuir la dependencia del grano importado.
Maíz: análisis y cifras
El gerente general de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce), Arnulfo Trujillo Díaz, explicó que las compras externas no han dejado de crecer desde que el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos eliminó los aranceles para el cereal en 2022, mientras la producción nacional continúa cayendo. El directivo agregó que buena parte de los agricultores prefiere almacenar su cosecha antes que venderla a precios que no cubren los costos de producción, ante la entrada de grano importado más barato.
El gremio atribuye el estancamiento productivo a los elevados costos de fertilizantes, semillas, agroquímicos, combustibles y transporte, sumados a limitaciones en riego, secamiento, almacenamiento y vías terciarias que afectan la competitividad del maíz nacional. Fedegán también señaló que la incertidumbre generada por los debates sobre la política de tierras frenó decisiones de inversión de largo plazo en el campo, además de las dificultades persistentes para acceder a crédito. Trujillo citó además el caso de la cebada, cultivo cuya área sembrada pasó de 70.000 hectáreas hace tres décadas a apenas 5.000 hectáreas en la actualidad, así como el fríjol y la soya, productos en los que el país también depende ampliamente de las compras externas.
De cara al nuevo gobierno, que asume funciones este 7 de agosto, Fedegán planteó una política integral de estabilidad jurídica, insumos a precios competitivos, líneas de crédito de fomento y mayor asistencia técnica, junto con inversión en investigación, mejoramiento de semillas y transferencia de tecnología orientada a elevar los rendimientos por hectárea. Por su parte, Fenalce propuso construir una política de Estado que incluya acuerdos comerciales a precios justos y compras públicas, a través de programas como el PAE, el ICBF y las Fuerzas Militares, que prioricen el grano de origen nacional, sin cerrar por completo la puerta a las importaciones que hoy sostienen buena parte de la demanda interna.
Para Sectorial, el incremento sostenido de las importaciones de maíz confirma que la dependencia externa del cereal es un problema estructural que trasciende los ciclos de gobierno y las metas de cada administración. El maíz amarillo es el insumo energético central de la cadena de alimentos balanceados que sostiene a la avicultura y la porcicultura colombianas, por lo que su disponibilidad y precio inciden de forma directa en el costo de la proteína animal que llega a los hogares. Mientras el diferencial de precios internacionales siga favoreciendo al grano importado, la señal para el agricultor nacional continuará siendo negativa, profundizando la caída del área sembrada que hoy afecta también a cultivos como la cebada, el fríjol y la soya. El reto para la administración entrante no se limita a fijar nuevas metas de sustitución de importaciones, sino a resolver los cuellos de botella de fondo: infraestructura de riego y almacenamiento, acceso a crédito de fomento y reglas estables para la inversión agrícola de largo plazo. Sin esas condiciones, cualquier meta de autosuficiencia alimentaria corre el riesgo de repetir el resultado del cuatrienio que termina.
Para monitorear el comportamiento del comercio exterior agropecuario colombiano y su impacto en la competitividad sectorial, consulte el Índice de Desempeño Sectorial y los Reportes EXIM de Sectorial.

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