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República Dominicana: crecer más rápido que nadie, sentirlo distinto

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República Dominicana crecerá 4,5% este año, una de las tasas más altas de América Latina. En ese mismo periodo, la canasta básica familiar llegó a 49.268 pesos al mes y la inflación se salió del rango meta del Banco Central. Y, aun así, la pobreza monetaria cayó a 13,75%. ¿Cómo pueden ser ciertas las tres cosas al mismo tiempo?

Bienvenidos a Economía y Desarrollo. Hoy hablaremos de la economía dominicana en 2026: por qué el país volvió a acelerar después de un 2025 flojo, por qué el costo de vida subió al mismo tiempo y por qué ese crecimiento no se siente igual en todos los hogares.

El punto de partida es simple. En agosto, el Gobierno elevó su proyección de crecimiento de 3,75% a 4,5%. La inflación interanual tocó 5,67% en junio, su nivel más alto del año, y bajó a 5,13% en agosto. El salario mínimo subió 20% nominal entre febrero de 2025 y febrero de 2026.

Pero hay un dato que cambia toda la lectura: de cada diez empleos nuevos creados en el último año, más de ocho fueron informales. Es decir, la mayoría de los trabajadores dominicanos no está cubierta por el ajuste salarial que el propio Gobierno usa para explicar la caída de la pobreza. Ahí está la historia completa.

EL REBOTE MACRO: DE UN 2025 FLOJO A UNA PROYECCIÓN DE 4,5%

Durante más de una década, República Dominicana fue una de las economías de mayor crecimiento de América Latina. Ese liderazgo se interrumpió en 2025: el Banco Central reportó un cierre cercano a 2,1%, muy por debajo de su potencial, con demanda externa débil y tasas reales altas.

Pero este año. En el Panorama Macroeconómico revisado el 25 de agosto, el Gobierno elevó su proyección de crecimiento para 2026 de 3,75% a 4,5%, una corrección al alza de 0,75 puntos porcentuales sustentada en el desempeño de los primeros siete meses. En el mismo documento redujo la inflación promedio esperada de 5,20% a 5,10% y la tasa de cambio promedio de 61,65 a 60,15 pesos por dólar.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe proyecta 4,0% para 2026 y 4,4% para 2027, muy por encima del promedio regional cercano a 2,3%, pero todavía detrás de Panamá y Nicaragua. República Dominicana no crece más que nadie: crece entre los primeros, y lo hace después de una desaceleración.

LA INFLACIÓN QUE SE SALIÓ DEL RANGO META

El Banco Central dominicano trabaja con un rango meta de 4% más o menos un punto porcentual. Hasta marzo de este año acumulaba 35 meses consecutivos dentro de esa banda. La racha se rompió en 2026: la tasa interanual pasó de 4,98% en enero a 5,35% en mayo y alcanzó 5,67% en junio.

El sector que más aportó fue el transporte. Los ajustes en gasolina, diésel y pasajes aéreos, asociados al alza del petróleo por las tensiones en Medio Oriente, explican la mayor parte del movimiento. En junio, cuatro grupos de consumo concentraron cerca del 90% del aumento mensual: transporte, alimentos, bienes y servicios diversos, y restaurantes y hoteles.

Desde julio el indicador cede. En agosto la inflación interanual bajó a 5,13%, segundo mes consecutivo a la baja, y la inflación subyacente, que excluye los precios más volátiles, se ubicó en 4,76%, dentro del rango meta. El Gobierno proyecta un cierre de año cercano a 4,75%. La presión fue real, pero de origen externo y en proceso de moderación.

LA CANASTA BÁSICA: DONDE EL DATO SE VUELVE COTIDIANO

La inflación es un promedio; la canasta básica es el recibo. Según el Banco Central, el costo promedio nacional de la canasta básica familiar llegó a 49.268 pesos dominicanos mensuales al cierre de mayo, con un incremento acumulado de 534 pesos frente a enero. Medido a doce meses, el aumento fue de 2.176 pesos, equivalente a 4,67%.

Lo relevante no es solo el monto, sino su composición. Los grupos que más empujaron fueron transporte, servicios, salud y restaurantes. Mientras tanto, alimentos de alta ponderación como el pollo y el plátano registraron caídas de precio en varios meses del año, en parte por la apreciación del peso, que abarató los productos importados.

Todos los quintiles de ingreso vieron subir el costo de su canasta entre enero y mayo. El mayor aumento absoluto se registró en el quintil más alto, por el peso que tienen los servicios y el transporte en su estructura de consumo. Para los hogares de menores ingresos, en cambio, incluso un alza pequeña pesa más, porque no tienen margen de ahorro para absorberla.

LA RESPUESTA SALARIAL: 20% EN DOS FASES

La política pública respondió por la vía salarial. Entre febrero de 2025 y febrero de 2026, el salario mínimo del sector privado no sectorizado subió 20% nominal, aplicado en dos tramos: 12% primero y 8% después. Según el Ministerio de Trabajo, la medida alcanza directamente a unos 1,4 millones de trabajadores, cerca del 60% del empleo formal.

Los sectores con escalas propias recibieron ajustes mayores. En zonas francas el aumento total fue de 25%, llevando el mínimo a 20.875 pesos mensuales desde junio de 2026. En hotelería y casinos el incremento acumulado fue de 30%, y en bares y restaurantes, de 25%.

El Ministerio de Trabajo sostiene que en las grandes empresas el salario mínimo ya cubre 106,8% del costo de la canasta básica, y en las medianas, cerca del 98% de la canasta del primer quintil. Es la primera vez que el mínimo formal alcanza ese umbral. La pregunta que sigue es a cuántos trabajadores cubre realmente ese umbral.

EL DATO QUE SORPRENDIÓ: LA POBREZA BAJÓ

El 7 de septiembre, el viceministro de Economía Alexis Cruz informó que la pobreza monetaria se ubicó en 13,75% en el segundo trimestre de 2026, frente a 16,65% en el mismo periodo de 2025. Para el primer semestre la tasa fue de 14,58%, contra 17,35% un año antes. En 2019 rondaba el 26% y en 2020 llegó al 30%.

La explicación oficial combina tres factores: salarios mínimos que crecieron por encima de la inflación, expansión del empleo y ampliación de los programas sociales. El ingreso laboral aumentó en todas las regiones, con 27,4% en el Sur y 13,1% en Ozama, y en el quintil más pobre el ingreso del sector informal creció más que el del formal.

El dato tiene un debate abierto. La medición combina ingreso laboral, remesas y aportes como el desayuno y el almuerzo escolar, y parte de la discusión pública apunta a que esos componentes explican buena parte de la mejora. El Gobierno respondió publicando códigos y metodologías para que cualquiera rehaga el cálculo.

QUIÉN QUEDA FUERA DEL AMORTIGUADOR

Aquí aparece la grieta. En el primer trimestre de 2026 la economía dominicana sumó 118.631 nuevos ocupados, pero 98.127 de ellos, el 82,7%, fueron informales. La tasa de informalidad subió de 53,4% a 54,1% en un año, aunque se mantiene por debajo del promedio histórico de 56,7%.

En números absolutos: 2,83 millones de trabajadores informales frente a 2,40 millones de formales, sobre un total de 5,24 millones de ocupados. Si el aumento del salario mínimo cubre a 1,4 millones de personas, el amortiguador salarial llega aproximadamente a uno de cada cuatro trabajadores del país.

La brecha de ingresos refuerza el punto. Entre abril de 2025 y marzo de 2026, el ingreso promedio por hora fue de 195 pesos en el sector formal y de 146,90 pesos en el informal. El desempleo abierto, en cambio, se mantuvo en 5%. El problema dominicano no es la falta de empleo: es la calidad del empleo que se está creando.

LOS MOTORES EXTERNOS: DIVISAS, ORO Y UN PESO MÁS FUERTE

El crecimiento de 2026 se apoya en la entrada de dólares. Entre enero y junio, exportaciones, turismo, remesas, inversión extranjera y otros servicios generaron más de 26.500 millones de dólares, unos 2.800 millones más que un año antes.

El turismo aportó 6.716 millones de dólares con 6,6 millones de visitantes en el semestre, 7,7% más que en 2025. Las exportaciones totales llegaron a 8.745 millones, 16,6% más, con el oro como principal impulsor: 1.591,9 millones, 68,8% más, por el precio internacional del metal. Las zonas francas crecieron 3,2% pese al arancel de 12,5% que Estados Unidos aplicó desde julio a determinados productos dominicanos. Las remesas subieron 6,7% y la inversión extranjera directa llegó a 3.276 millones.

El efecto se ve en el tipo de cambio. Al 31 de agosto, el peso acumulaba una apreciación de 7,6% frente a diciembre de 2025 y las reservas internacionales sumaban 15.253 millones de dólares, equivalentes a 5,5 meses de importaciones. Es el mismo canal que abarata importaciones y contiene la inflación de alimentos, y también el que deja al país expuesto al precio del petróleo, al del oro y a la demanda estadounidense.

CONCLUSIÓN: UN CRECIMIENTO QUE NO LLEGA PAREJO

El caso dominicano no encaja ni en un relato de crisis ni en uno de éxito sin costos. El país creció por encima de la región, la inflación rompió el rango meta por presión de combustibles y ya está cediendo, el salario mínimo superó a los precios para quienes lo reciben y la pobreza medida cayó de forma verificable. Al mismo tiempo, más de la mitad de los ocupados trabaja en la informalidad y ocho de cada diez empleos nuevos se crearon allí.

Eso deja preguntas abiertas. ¿Puede sostenerse una reducción de la pobreza que descansa en ajustes salariales que alcanzan a una minoría de los trabajadores? ¿Qué queda de este equilibrio si el petróleo sube, el oro se corrige o la demanda estadounidense se enfría? ¿Y es replicable un modelo que crece por la entrada de divisas externas más que por productividad interna?

Si algo deja el caso dominicano es que el PIB describe el tamaño de una economía, no la experiencia de vivir dentro de ella. Y esa distinción aplica en cualquier país de la región. ¿Un crecimiento que llega desigual sigue siendo un buen crecimiento, o solo aplaza el problema?

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