El país que fabrica la inteligencia artificial del mundo ocupa el puesto 21 en usarla. Emiratos Árabes Unidos llega al 73,3 % de su población en edad de trabajar; Estados Unidos, al 33 %. Y en todo el planeta, menos de dos de cada diez personas usaron IA generativa en el periodo medido. ¿Por qué el líder tecnológico no es el líder en uso?
El dato viene del informe trimestral del Instituto de Economía de la IA de Microsoft (AI Economy Institute), publicado en septiembre de 2026 con corte a junio. La cifra global es 18,8 % de la población entre 15 y 64 años. El podio no lo ocupan Estados Unidos ni China, sino Emiratos Árabes Unidos, con 73,3 %, y Singapur, con 64,3 %. Y hay un dato que toca de cerca a la región: España registra 45,1 %, mientras el promedio de las seis mayores economías de América Latina ronda el 22 %. Mismo idioma, menos de la mitad de uso.
A continuación repasamos qué mide exactamente esa cifra, por qué dos economías pequeñas encabezan la lista, qué pasa con Estados Unidos y China, dónde queda América Latina y si usar más IA vuelve más rico a un país.
Qué mide realmente esta cifra
El indicador de Microsoft registra el porcentaje de la población de 15 a 64 años que usó alguna herramienta de IA generativa durante el periodo. No proviene de una encuesta ni de un censo, sino de telemetría agregada y anónima de los productos de la compañía, ajustada por sistema operativo, participación de dispositivos, penetración de internet y población.
Esa metodología tiene dos consecuencias que condicionan toda lectura del ranking. La primera es que subestima el uso de herramientas ajenas al ecosistema medido: el propio informe advierte que la cifra de China aumentará cuando amplíe la cobertura de aplicaciones locales. La segunda es que, de las 147 economías listadas, 36 no tienen observación propia y cargan un promedio regional imputado.
La diferencia entre métodos es considerable. Para Japón, la telemetría arroja cerca de 24,7 %, mientras la encuesta del Ministerio de Asuntos Internos y Comunicaciones publicada en julio de 2026, que pregunta si la persona ha usado alguna vez IA generativa, sitúa el uso en 58,8 %. No es que una fuente mienta: miden cosas distintas. El ranking sirve para comparar bloques y tendencias, no para disputar posiciones individuales.
El podio inesperado: Emiratos y Singapur
Emiratos Árabes Unidos encabeza con 73,3 % y Singapur le sigue con 64,3 %. Detrás aparecen Irlanda, con 49,9 %; Francia, con 49,6 %, y Noruega, con 49,4 %. Entre el segundo y el tercer puesto hay 14,4 puntos porcentuales, casi tanto como los 16,6 que separan a Francia de Estados Unidos.
El caso emiratí se explica por decisiones tomadas con anticipación. En octubre de 2017, cinco años antes del lanzamiento de ChatGPT, el país creó el primer Ministerio de Estado para la Inteligencia Artificial del mundo y articuló una estrategia nacional con inversión en infraestructura digital y programas de formación. La adopción no fue un resultado espontáneo del mercado.
El tamaño también interviene. Emiratos y Singapur son economías pequeñas, ricas, urbanas y muy conectadas, sin grandes poblaciones rurales que reduzcan el promedio nacional. Un porcentaje alto en una ciudad-Estado y uno alto en un país continental no describen el mismo fenómeno.
La paradoja estadounidense y el caso chino
Estados Unidos registra 33,0 %, con un avance de 1,7 puntos en el trimestre, y permanece en el puesto 21. Allí están las compañías que entrenan los modelos más avanzados, el capital de riesgo que los financia y buena parte de los centros de datos que los sostienen. Construir la tecnología y difundirla entre la población son procesos distintos.
China aparece con 17,5 %, frente al 16,4 % del trimestre anterior, aunque esa medición debe leerse con la advertencia metodológica ya señalada. Las dos economías que se disputan el liderazgo tecnológico global están lejos del podio de uso.
La implicación económica es directa. El valor de una tecnología de propósito general no se materializa donde se entrena el modelo, sino donde se incorpora a la nómina, la logística y las aulas. La electricidad y la computadora personal siguieron el mismo patrón: las ganancias de productividad llegan con la difusión, no con la invención.
Corea del Sur: la adopción se puede acelerar
El caso surcoreano demuestra que estas posiciones no están fijas. El país alcanzó 40,6 % tras sumar 3,5 puntos en un solo trimestre, el mayor aumento entre las principales economías del listado, y pasó del puesto 16 al 12. Arabia Saudita fue el país que más posiciones escaló, del 30 al 25.
Estos movimientos identifican los factores que mueven la aguja: herramientas disponibles en el idioma local, conectividad, programas públicos de formación e incentivos empresariales. Ninguno depende de tener empresas que desarrollen modelos propios.
La brecha entre el Norte y el Sur Global
El dato estructural del informe es la distancia entre bloques. El uso alcanza 28,8 % en el Norte Global y 16,2 % en el Sur Global, y la diferencia se amplió de 12,1 a 12,6 puntos porcentuales en un trimestre. Ambos grupos crecen, pero el primero lo hace más rápido.
Dos elementos matizan el diagnóstico. El primero es el uso: en el Sur Global, el aprendizaje autónomo y el desarrollo de habilidades pesan un 29,2 % más que en el promedio mundial, lo que sugiere que la IA entra a estas economías por la vía educativa antes que por la corporativa. El segundo es el costo: los modelos de pesos abiertos, aquellos cuyos parámetros pueden descargarse y ejecutarse localmente, ya concentran el 75 % del uso de tokens en la plataforma OpenRouter. Es una plataforma orientada a desarrolladores, así que la cifra no equivale a una cuota del mercado mundial, pero apunta a una barrera económica de entrada cada vez más baja.
América Latina frente al espejo español
En el corte de junio de 2026, Colombia registra 25,9 %, Chile 24,0 %, Argentina 23,4 %, México 21,4 %, Brasil 20,2 % y Perú 17,3 %. El promedio simple de esas seis economías es 22,0 %. España, con el mismo idioma, registra 45,1 %: 2,05 veces el promedio latinoamericano.
Esa comparación descarta una explicación. Si el obstáculo fuera la disponibilidad de herramientas en español, España no duplicaría a la región. Lo que separa a ambos lados es la calidad de la conectividad, la formalidad del empleo y la capacidad de las empresas para adoptar tecnología.
El ingreso tampoco lo explica todo. Colombia encabeza el grupo sin ser la economía de mayor PIB per cápita entre las seis, aunque su ventaja sobre Chile, el segundo, es de 1,9 puntos. Conviene leerlo como un grupo compacto y no como un liderazgo consolidado.
¿Usar más inteligencia artificial genera más riqueza?
Aquí aparece la pregunta económica de fondo. El Índice Económico de Anthropic (Anthropic Economic Index), que mide el uso de su propio modelo en relación con la población en edad de trabajar, encontró que un aumento de 1 % en el PIB per cápita se asocia con un incremento cercano a 0,7 % en el uso per cápita. En su edición de septiembre de 2025, Israel lideraba con un índice de 7,0 y Singapur le seguía con 4,57.
La dirección de esa relación no está demostrada. Los países ricos usan más inteligencia artificial, pero eso no prueba que usarla los haya hecho más ricos: el ingreso previo financia conectividad, dispositivos y tiempo de capacitación. Convertir adopción en productividad exige reorganizar procesos de trabajo, un cambio que tarda años en reflejarse en las cuentas nacionales.
Conclusión: qué mirar y qué se juega América Latina
Los datos de 2026 describen un mundo donde construir inteligencia artificial y usarla están repartidos de forma distinta. Dos economías pequeñas encabezan el uso, la potencia que desarrolla la tecnología ocupa el puesto 21 y América Latina tiene menos de la mitad del nivel de uso de España.
El caso de Corea del Sur indica que estas posiciones pueden moverse con rapidez cuando coinciden política pública, infraestructura, idioma y formación. Pero quedan preguntas abiertas que definirán la década. ¿Puede un país con baja adopción compensar el retraso, o las diferencias de productividad se acumulan año tras año hasta volverse estructurales? ¿Y qué tan confiable es un mapa global construido sobre la telemetría de una sola compañía, cuando distintas metodologías arrojan cifras que difieren en más del doble?
Para la región, la brecha no es un asunto de ranking. Define costos, productividad y qué tan competitivas serán sus empresas en cinco años. La pregunta que queda es si el retraso se explica por infraestructura, por educación o por falta de política pública.
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