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¿Cuántos peajes hay en Colombia y cómo funciona el sistema de concesiones?

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Colombia cuenta con una de las redes de peajes más extensas de América Latina, distribuida a lo largo de miles de kilómetros de carreteras primarias, secundarias y terciarias. Este sistema no solo representa una fuente de financiamiento para la infraestructura vial del país, sino que también refleja la evolución del modelo de concesiones que ha adoptado el Estado colombiano durante las últimas tres décadas. Entender cuántos peajes hay en Colombia y cómo opera el sistema detrás de ellos es fundamental para analistas, transportadores, inversionistas y ciudadanos que dependen de la red vial nacional.

A 2025, Colombia tiene aproximadamente 170 estaciones de peaje activas en la red vial nacional a cargo del Instituto Nacional de Vías (INVIAS) y la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI). Sin embargo, esta cifra varía constantemente debido a la entrada en operación de nuevos proyectos de concesión, la fusión de estaciones existentes y los ajustes regulatorios. Adicionalmente, existen peajes departamentales y municipales que elevan el número total por encima de las 200 estaciones en todo el territorio nacional, dependiendo de la fuente y la metodología de conteo utilizada.

La importancia de este sistema va más allá de los recaudos. Los peajes colombianos son el mecanismo central que hace viable el esquema de concesiones viales, que a su vez es el modelo por el cual el país ha buscado cerrar su brecha histórica de infraestructura. Sin comprender cómo funcionan estas estaciones y quién las administra, es imposible analizar la viabilidad financiera de los grandes proyectos viales que hoy transforman la geografía económica del país.

El sistema de concesiones viales en Colombia: una historia de tres generaciones

El modelo de concesiones en Colombia comenzó formalmente a principios de los años noventa, con lo que se conoce como las concesiones de primera generación. En esa etapa inicial, el Estado trasladó a privados la construcción y operación de algunas vías a cambio del derecho a cobrar peajes durante un período determinado. Aunque el modelo presentó problemas estructurales relacionados con la distribución del riesgo y la definición de garantías, sentó las bases institucionales para lo que vendría después.

Las concesiones de segunda y tercera generación, desarrolladas durante los años noventa y la primera década del 2000, introdujeron mejoras en la estructuración de contratos y en los mecanismos de reparto de riesgos entre el Estado y los concesionarios. Estas generaciones incluyeron proyectos como la concesión del corredor Bogotá-Villavicencio y varias vías del Eje Cafetero, que hoy siguen siendo referentes del sistema. Con cada generación, el Gobierno fue afinando las condiciones contractuales para reducir la litigiosidad y mejorar la ejecución de obras.

La cuarta generación, conocida como 4G, representó una ruptura cualitativa con los modelos anteriores. Lanzada entre 2013 y 2014 durante el gobierno de Juan Manuel Santos, la iniciativa 4G contempló inversiones por más de 47 billones de pesos en su diseño original, con el objetivo de construir cerca de 7.000 kilómetros de vías nuevas o mejoradas. Este programa cambió la forma en que se estructuraron los contratos, incorporó vigencias futuras, titularización de ingresos y la figura de las Asociaciones Público-Privadas (APP).

La ANI e INVIAS: dos instituciones, dos roles complementarios

La Agencia Nacional de Infraestructura es la entidad responsable de estructurar, contratar y supervisar las concesiones viales de la red primaria nacional. Creada en 2011 mediante el Decreto 4165, la ANI reemplazó al Instituto Nacional de Concesiones (INCO) y amplió su mandato para incluir también infraestructura portuaria, aeroportuaria y ferroviaria. En materia vial, la ANI administra los contratos de concesión que incluyen las estaciones de peaje más importantes del país en términos de flujo vehicular y recaudo.

Por su parte, INVIAS es el organismo que gestiona directamente las vías que no están en concesión. Las estaciones de peaje bajo su administración son operadas con recursos que ingresan directamente al Fondo de Mantenimiento de Carreteras, destinado al sostenimiento de la malla vial nacional. Aunque INVIAS tiene menos estaciones que las concesiones de ANI en términos de recaudo por estación, su cobertura geográfica es amplia porque incluye vías secundarias y terciarias de difícil concesión para privados.

La distinción entre estos dos entes es crucial para entender la fragmentación del sistema. Un transportador que recorre el corredor entre Medellín y Buenaventura, por ejemplo, puede pasar por peajes administrados por INVIAS, por concesiones de primera o segunda generación supervisadas por ANI y por tramos 4G con estructuras contractuales completamente distintas. Esta heterogeneidad genera complejidades tarifarias y operativas que el sector logístico colombiano enfrenta a diario.

Cómo se fijan las tarifas y qué factores las determinan

Las tarifas de peaje en Colombia no son uniformes ni se fijan libremente por los concesionarios. En el caso de las vías concesionadas bajo ANI, las tarifas están establecidas en los contratos de concesión y se actualizan anualmente con base en el Índice de Precios al Consumidor (IPC). Esta indexación protege los ingresos del concesionario frente a la inflación, pero también implica que los costos de transporte se incrementen sistemáticamente con el tiempo.

Para las estaciones de INVIAS, las tarifas son fijadas por el Gobierno Nacional mediante resolución del Ministerio de Transporte. En 2024, el Ministerio actualizó las tarifas aplicando el IPC del año anterior, lo que generó incrementos de entre el 9% y el 12% en varias categorías vehiculares. Estas alzas impactan directamente el costo del transporte de carga, que representa uno de los componentes más importantes del precio final de los bienes en el mercado colombiano.

Las tarifas se diferencian también por categorías de vehículo: automóviles particulares, motos, buses, camiones de dos ejes, camiones de más de dos ejes y vehículos especiales. Esta segmentación busca reflejar el impacto diferencial que cada tipo de vehículo tiene sobre la infraestructura. Sin embargo, la carga tarifaria sobre el transporte de carga pesada es un punto de tensión permanente entre los gremios transportadores, el Gobierno y los concesionarios.

Las concesiones 4G y 5G: el estado actual de la infraestructura

A 2025, la mayoría de los proyectos de la cuarta generación se encuentran en etapas avanzadas de construcción o ya en operación parcial. Proyectos como Autopistas para la Prosperidad en Antioquia, el corredor Bogotá-Villavicencio mejorado y la Ruta del Sol han transformado la conectividad entre los principales centros productivos del país. Según reportes de la ANI, a finales de 2024 más del 70% de las unidades funcionales comprometidas en los contratos 4G estaban en operación o en etapa de cierre de obras.

El programa de quinta generación, conocido como 5G, fue estructurado por la ANI durante el período 2020-2022 e incluye proyectos de mayor complejidad técnica y ambiental, con énfasis en regiones históricamente desconectadas. A diferencia del esquema 4G, los proyectos 5G incorporan con mayor énfasis criterios de sostenibilidad ambiental, consultas previas con comunidades étnicas y mecanismos de financiamiento verde. Algunos de estos proyectos contemplan la construcción de nuevas estaciones de peaje o la modernización de las existentes con tecnología de cobro sin detenerse.

La tecnología de recaudo electrónico es otro frente de transformación. El sistema de Tag o telepeaje, operado a través de dispositivos de radiofrecuencia instalados en los vehículos, ha ganado participación en las principales estaciones del país. La meta del Ministerio de Transporte es alcanzar una cobertura significativa de cobro electrónico en las concesiones ANI antes de 2026, lo que reduciría tiempos de espera, costos operativos y oportunidades de evasión.

El peaje como indicador económico y su lectura para Colombia

Para analistas económicos, los datos de recaudo en peajes son un indicador líder de la actividad económica real. El flujo vehicular en las principales estaciones del país refleja con notable precisión el comportamiento del consumo, la producción industrial y el comercio interno. En períodos de contracción económica, como el observado en 2020 durante la pandemia, el recaudo de peajes cayó más del 40% en algunos meses, anticipando la magnitud de la crisis antes de que los datos del PIB fueran publicados.

A 2025, el recaudo total del sistema concesionado bajo ANI supera los 4 billones de pesos anuales, una cifra que combina ingresos directos por peaje con aportes estatales en forma de vigencias futuras. Esta estructura mixta de financiamiento es lo que hace viable económicamente los proyectos de mayor complejidad, donde los flujos vehiculares proyectados por sí solos no serían suficientes para remunerar la inversión privada requerida.

Para Colombia, el desafío de los próximos años no es solo construir más vías o instalar más peajes, sino consolidar un sistema de gobernanza que garantice la transparencia en los contratos, la eficiencia en el recaudo y la reinversión efectiva de los recursos en mantenimiento. La brecha de infraestructura vial del país sigue siendo significativa frente a economías comparables de la región, y la capacidad de atraer inversión privada de largo plazo dependerá en buena medida de la estabilidad regulatoria y la seguridad jurídica que el Estado colombiano sea capaz de ofrecer a los concesionarios actuales y futuros.

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