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La línea de pobreza de $482.041 per cápita limita el gasto del 28,0% de los hogares colombianos

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El comportamiento del ingreso corriente disponible en los hogares de Colombia ejerce una presión sobre la capacidad de demanda, la estructura del gasto privado y los niveles de consumo de bienes no esenciales en el mercado interno. La reducción de la incidencia de la pobreza monetaria a un nivel del 28,0% al cierre del año anterior implica que un porcentaje de la población nacional ha experimentado un incremento en sus flujos monetarios, logrando de esta forma ubicarse por encima del umbral de vulnerabilidad económica básico. Sin embargo, para este segmento de la población, salir de la condición estadística de pobreza no se traduce de forma automática en una capacidad de consumo diversificada o en una expansión del gasto hacia bienes de valor agregado industrial.

Por el contrario, los hogares cerca de la línea de pobreza monetaria deben destinar la totalidad de sus recursos corrientes a la cobertura de necesidades primarias de subsistencia, lo que genera una rigidez en la canasta de compras y comprime el consumo en categorías como entretenimiento, vestuario, educación privada y tecnología. De forma paralela, el sostenimiento de una tasa del 9,6% en la incidencia de la pobreza monetaria extrema indica que casi una décima parte de los habitantes del país enfrenta privaciones incluso para adquirir una canasta mínima de alimentos, lo que restringe por completo su participación en los circuitos comerciales formales de bienes durables y consolida un mercado de consumo masivo altamente orientado a la adquisición de productos básicos de bajo costo.

De acuerdo con los resultados del boletín técnico de pobreza monetaria publicado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la línea de pobreza monetaria nacional se fijó en un valor de $482.041 mensuales por persona para el 2025, registrando un crecimiento nominal del 4,7% en comparación con la línea del año anterior, establecida en $460.198. El reporte oficial de la entidad especifica que, para un hogar promedio compuesto por cuatro integrantes, el umbral de ingresos mensuales mínimos para no ser considerado en situación de pobreza se ubicó en $1.928.164, un monto que en las grandes cabeceras urbanas se eleva hasta los $2.131.624 y en las trece ciudades y áreas metropolitanas principales escala a $2.372.512.

El DANE destaca que la incidencia de la pobreza monetaria en los centros poblados y las zonas de ruralidad dispersa alcanzó un nivel del 39,5%, una proporción que equivale a 1,6 veces la tasa registrada en las cabeceras urbanas, la cual se situó en un 24,6%. Esta disparidad geográfica en la distribución de los ingresos corrientes genera un impacto directo en las estrategias de distribución de las empresas de comercio minorista: las regiones presentan una canasta de consumo concentrada casi exclusivamente en alimentos e insumos de producción primaria y otras muestran una transición paulatina hacia un gasto más diversificado, impulsada por la reducción de 3,8 puntos porcentuales en la incidencia nacional de la pobreza frente al registro de 2024, cuando la tasa se ubicaba en un 31,8%.

La recomposición de los ingresos familiares también se reflejó en el comportamiento de la desigualdad de ingresos, medida a través del coeficiente de Gini, el cual presentó una reducción al pasar de 0,551 puntos en 2024 a un nivel de 0,531 puntos en el año 2025. Esta moderación en la concentración de la riqueza se explica por el incremento real del 11,8% en los ingresos corrientes per cápita de las personas pertenecientes al quintil uno, que representa al segmento de menores recursos de la población, en contraste con el modesto incremento del 0,5% observado en el quintil cinco, que agrupa a los ciudadanos de ingresos más elevados.

Pobreza monetaria

Desde la perspectiva de Sectorial, la reducción de la pobreza monetaria nacional al 28,0% y la caída del coeficiente de Gini a 0,531 puntos evidencian una mejora coyuntural en los ingresos de los hogares menos favorecidos.

El crecimiento del 11,8% en el ingreso del quintil uno representa una señal positiva para el consumo de bienes de primera necesidad, de modo que se estabilizan los volúmenes de venta en el comercio minorista de alimentos y productos básicos de aseo. No obstante, la organización considera que el incremento nominal del 4,7% en la línea de pobreza, fijada en $482.041, impone una barrera estructural para la reactivación de los sectores de mayor valor agregado, como la vivienda nueva, los vehículos y el turismo.

La concentración del gasto familiar en la cobertura de arriendos y servicios esenciales limita la generación de excedentes financieros de ahorro. Sectorial concluye que las empresas de consumo masivo deberán enfocar sus estrategias comerciales en formatos de bajo costo unitario para capturar la liquidez de este amplio segmento poblacional.

Para conocer detalladamente las fluctuaciones en los patrones de consumo masivo, el impacto de las variables de ingreso sobre los diferentes sectores comerciales y los análisis de liquidez en las distintas capas socioeconómicas de Colombia: consulte nuestro Índice de Desempeño Sectorial y participe en las mesas técnicas de nuestros Foros Sectoriales, herramientas clave para orientar la toma de decisiones estratégicas de su organización.

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