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CHINA controla el 85% de tierras raras: así funciona el CHOKEPOINT

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¿Qué cambia cuando lo primero que mira un gobierno antes de firmar un contrato deja de ser el precio y pasa a ser de quién depende?

Durante tres décadas, un gobierno o una empresa que iba a firmar un contrato de suministro miraba básicamente una cifra: el precio. Comprar donde fuera más barato era casi una obligación del manual económico. Hoy cada vez más países miran otra cosa antes que el precio: de quién dependen, y qué pasa si el otro decide cerrar la llave.

Ese cambio de pregunta ya tiene consecuencias medibles. Los aliados de la OTAN se comprometieron a llevar su gasto en defensa y seguridad hasta el 5% del PIB, más del doble de la meta que rigió durante una década. Y mientras la economía mundial crece cerca del 3% este año, América Latina apenas alcanza el 2,4%: una región abierta, integrada al comercio global y sin asiento en la mesa donde se escriben las reglas.

Eso es lo que vamos a analizar hoy: cómo el mundo dejó de organizarse alrededor del comercio para organizarse alrededor de la seguridad, cuál es el concepto que explica casi todo lo que está pasando, el chokepoint, el punto de estrangulamiento, y qué opciones reales le quedan a una región que se acostumbró a mirar el partido desde la tribuna.

LAS DOS REGLAS QUE SE ROMPIERON

Quienes se formaron profesionalmente en las últimas tres o cuatro décadas lo hicieron bajo dos reglas no escritas. La primera es que el comercio manda, es decir, que detrás de las decisiones de los gobiernos hay una lógica económica. La segunda es que existe un policía del mundo, Estados Unidos, que con sus aciertos y sus abusos sostenía cierto orden.

Las dos se están rompiendo al mismo tiempo. Y hoy esto es el diagnóstico que repiten desde el economista chileno Andrés Velasco, decano de políticas públicas de la London School of Economics, hasta el primer ministro canadiense Mark Carney, que en enero de este año habló en Davos de una “ruptura, no una transición” del orden internacional.

Un ejemplo simple de cómo cambió el cálculo es como Finlandia y Suecia pasaron cuarenta años repitiendo que no serían miembros de la OTAN, pero pidieron el ingreso juntas en 2022. Finlandia entró en abril de 2023 y Suecia en marzo de 2024. No cambió su economía, pero si cambió su percepción del riesgo. La inversión es total. Antes, la política se acomodaba a la economía; hoy parece ser que la economía se acomoda a la política.

CHOKEPOINT: LA PALABRA QUE EXPLICA 2026

Conviene detenerse en el término, porque es la clave de todo el video. Un chokepoint, o punto de estrangulamiento, en español, es un lugar, un recurso o una tecnología por donde pasa obligatoriamente algo que el resto del mundo necesita, y que por eso puede cerrarse como una llave de paso. La lógica es que yo controlo algo que tú necesitas, y lo uso como arma.

Un ejemplo de esto es el geográfico. El estrecho de Ormuz, entre Irán y Omán, movía cerca de una quinta parte del petróleo mundial, y tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán del 28 de febrero, la Guardia Revolucionaria iraní minó el paso y abordó buques comerciales. El resultado fue el mayor corte de suministro petrolero de la historia moderna: unos veinte mil marinos y dos mil barcos quedaron varados dentro del Golfo Pérsico.

Seis meses después, el tráfico sigue muy por debajo de lo normal y la Agencia Internacional de la Energía advierte de un déficit de 1,8 millones de barriles diarios este trimestre. La geografía, que creíamos superada por la globalización, volvió con todo.

LOS ESTRANGULAMIENTOS FABRICADOS: MINERALES, CHIPS Y ALGORITMOS

Pero los chokepoints más interesantes ya no son accidentes de la naturaleza. Se construyen.

China concentra más del 85% de la capacidad mundial de refinación de tierras raras, según el Servicio Geológico de Estados Unidos. Pero hay algo importante que aclarar, las tierras raras no son raras, solo que refinarlas es carísimo y muy contaminante, y durante tres décadas solo China quiso hacerlo a esa escala. En octubre de 2025, China anunció controles de exportación con alcance extraterritorial, cualquier producto fabricado fuera de China con más de 0,1% de material chino necesitaba licencia. Esos controles quedaron suspendidos hasta noviembre de este año como parte de una tregua comercial, pero la llave sigue en la misma mano, y hacia Japón las restricciones nunca se levantaron.

Del otro lado del tablero, Washington restringió el acceso chino a semiconductores avanzados. Y en junio de este año fue más lejos, ordenó a Anthropic suspender el acceso a sus dos modelos más potentes para cualquier persona extranjera, dentro o fuera de Estados Unidos. La empresa no pudo filtrar usuarios por nacionalidad y los apagó por completo durante diecinueve días.

Un algoritmo fue tratado, por primera vez, como material estratégico. Y la lección que dejó es que el acceso a la frontera tecnológica no es un derecho de mercado, es una concesión revocable.

EUROPA PAGA LA FACTURA: REARME Y DEPENDENCIA DIGITAL

Europa es el mejor laboratorio de lo que cuesta este mundo nuevo.

En la cumbre de La Haya de 2025, los aliados de la OTAN se comprometieron a destinar el 5% del PIB a defensa y seguridad hacia 2035: al menos 3,5% para capacidades militares y hasta 1,5% para infraestructura crítica, ciberdefensa y resiliencia civil. Polonia lidera la alianza con un presupuesto equivalente al 4,8% de su PIB para 2026. Eso movió bolsas enteras, el índice europeo de aeroespacial y defensa subió más de un 65% durante 2025, aunque este año entró en una fase de consolidación y ajuste.

El segundo frente es menos visible. Tres empresas estadounidenses controlan más del 70% del mercado europeo de servicios en la nube. En junio, la Comisión Europea presentó un paquete de soberanía tecnológica reconociendo que cuatro de cada cinco piezas de su infraestructura digital son extranjeras.

Un continente rico, democrático y densamente regulado descubrió que su economía corre sobre servidores que no controla.

LOS ESPECTADORES INOCENTES

¿Y América Latina?

Velasco propone una imagen que se queda dando vueltas: hay tres grupos de países. Las grandes democracias avanzadas. Los emergentes que sí tienen asiento en la mesa, con India a la cabeza. Y los “espectadores inocentes”, que son economías abiertas, de tamaño intermedio, integradas al comercio mundial, pero sin voz donde se escriben las reglas. Ahí estamos nosotros, junto a Tailandia, Malasia o Singapur.

Dos hechos de este año lo ilustran. El primero es que Chile hizo todo lo posible por mantener una relación cordial con Washington, y, aun así, desde el 24 de julio enfrenta un arancel adicional del 12,5% derivado de una investigación estadounidense sobre trabajo forzoso que alcanzó a sesenta economías. Afecta cerca del 40% de sus exportaciones como salmón, uva, vino, madera, aunque el cobre y el litio quedaron exentos. Dos rondas de negociación en agosto terminaron sin acuerdo.

El segundo es que el 3 de enero, Estados Unidos ejecutó una operación militar en territorio venezolano que terminó con la captura de Nicolás Maduro y su traslado a un tribunal de Nueva York. Fue la primera intervención militar estadounidense en América Latina de este siglo.

El telón de fondo es económico. El Fondo Monetario Internacional proyecta que el mundo crezca 3% este año y la región 2,4%. Llevamos más de una década por debajo del promedio global, y eso reduce el margen para absorber golpes externos.

Ser amigo ya no garantiza nada. Y mirar al techo, tampoco.

LA NUEVA GEOMETRÍA DE LAS ALIANZAS

Si el viejo mundo ofrecía un bloque al que pertenecer, el nuevo ofrece algo más, como distintas amistades para distintos temas.

Es exactamente lo que planteó Carney en Davos. Canadá, dijo, impulsa un puente comercial entre el Acuerdo Transpacífico y la Unión Europea, un bloque potencial de 1.500 millones de personas, “clubes de compradores” de minerales críticos anclados en el G7, y cooperación en inteligencia artificial con democracias afines para no verse obligado a elegir entre hegemonías y gigantes tecnológicos.

Para América Latina la traducción es concreta: un socio para finanzas, otro para minerales críticos, otro para seguridad, otro para conectividad satelital. Ya no sirve el alineamiento automático, pero tampoco el “no alineamiento” declarativo de los años sesenta. Lo que sirve es tener respuestas específicas para preguntas específicas.

Y hay una idea que muchos economistas daban por superada y que conviene recuperar con cuidado, la de los sectores estratégicos. El manual dice comprar donde sea más barato. Pero hay bienes como minerales críticos, medicamentos, capacidad de cómputo, donde lo que se compra no es solo un precio, es la garantía de acceso.

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