La Unión Europea ha transformado la soberanía digital de una aspiración política a un estándar técnico plenamente cuantificable. Este hito se consolidó el 17 de abril de 2026 con la adjudicación del primer contrato de nube soberana del bloque, valorado en hasta 180 millones de euros por seis años. Este marco desglosa la autonomía en ocho criterios de evaluación: estrategia, legal y jurisdiccional, datos e inteligencia artificial, operacional, tecnología, seguridad y conformidad, sostenibilidad ambiental y la cadena de suministro, la cual lidera en peso técnico con una ponderación del 20,0% del total debido a la complejidad de certificar la procedencia geográfica del hardware y el software.
Ese marco fue el eje de una de las sesiones de ANDICOM 2026 en Cartagena, liderada por Eric Martorell Bouvier, director de soluciones de inteligencia artificial para Latinoamérica y el sur de Europa en Hewlett Packard Enterprise. Para las empresas colombianas que exportan servicios digitales, se trata de un criterio de evaluación con el que serán medidas, incluso si no participan en ninguna licitación europea.
Ocho objetivos y una nota por cada uno
De los 8 objetivos anteriormente mencionados, la cadena de suministro es la que más pesa, con 20,0 % de la calificación. Es una señal de que se considera la procedencia del hardware y el software como el problema más difícil de resolver.
El criterio que toca directamente a la inteligencia artificial es el tercero, y evalúa tres cosas: cómo se protegen los datos, dónde se procesan y cuánta autonomía conserva el cliente sobre las capacidades del modelo.
Cada objetivo se califica por separado en la escala SEAL, sigla en inglés de nivel de garantía de efectividad de la soberanía.
Lo que reveló la primera licitación
El umbral mínimo para competir fue SEAL-2. Ganaron cuatro consorcios: Post Telecom de Luxemburgo con OVHcloud y CleverCloud, la alemana STACKIT del grupo Schwarz, la francesa Scaleway, y una alianza belga, francesa y luxemburguesa liderada por Proximus junto a S3NS, Clarence y Mistral. Tres alcanzaron SEAL-3. Ninguno llegó a SEAL-4, que exigiría una cadena europea completa desde el chip hasta la aplicación.
El resultado más instructivo es el del consorcio de Proximus. Calificó en SEAL-2 incluyendo a S3NS, una empresa conjunta entre Thales y Google Cloud cuyo entorno técnico corre sobre infraestructura de Google, operada por compañías europeas bajo jurisdicción europea. Es decir que soberano, en la definición operativa de la Unión Europea, no significa excluir tecnología extranjera. Significa gobernanza sobre el acceso, jurisdicción sobre los datos y aislamiento documentado frente a leyes de otros países.
¿Cómo llega esto a Colombia?
Colombia no tiene un marco equivalente, y esa ausencia no protege a nadie. El mecanismo es el mismo que ya opera con otras exigencias europeas: viaja por el contrato. Una empresa colombiana de software o de BPO que procese datos de clientes europeos, o que aspire a prestarle servicios a una entidad pública del bloque, va a ser evaluada con estos parámetros. Lo mismo para los datacenters que quieran alojar operaciones con componente europeo.
El criterio de datos e IA es el que más pesa para quien esté montando automatización. Enviar información a una interfaz de programación extranjera, sin contrato que fije jurisdicción y sin control sobre dónde termina el dato, califica en el nivel más bajo de la escala.
Hay además un uso defensivo del marco que no depende de Europa. Los ocho objetivos sirven como cuestionario para evaluar a cualquier proveedor de nube en una compra local, y permiten pasar de la afirmación genérica de que un servicio es seguro a una conversación sobre jurisdicción, cadena de suministro y control operativo. Para un comité de compras colombiano, eso es un instrumento gratuito.
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