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Brasil elige: dos modelos, un mismo techo

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¿Cuánto puede transformar un presidente cuando la mayor parte del presupuesto está decidida antes de que llegue al cargo?

Esa pregunta está detrás de la elección del 4 de octubre en Brasil. Quien gane recibirá una deuda bruta de 82,5% del PIB, un presupuesto en el que el 91,7% del gasto primario es obligatorio y una economía que, según el Banco Central, crecerá apenas 1,8% este año.

En la boleta hay dos proyectos que se presentan como opuestos. Luiz Inácio Lula da Silva busca un cuarto mandato con la promesa de seguir redistribuyendo. Flávio Bolsonaro, hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, quien cumple una condena de 27 años por planear un golpe de Estado, promete achicar el Estado y bajar impuestos.

Vamos a ver qué hereda el ganador, por qué los dos programas se parecen más de lo que admiten, qué poder tiene el Congreso y cómo influyen Estados Unidos y China. La idea central es que Brasil tendrá que ajustar sus cuentas gane quien gane. Lo que se elige es cómo hacerlo, con más impuestos a las rentas altas o achicando el Estado, y ahí el margen es pequeño.

Un empate que se fue cerrando

La encuesta más reciente de Datafolha, hecha entre el 22 y el 24 de septiembre, da 40% a Lula y 36% a Flávio, con un margen de error de dos puntos. En una segunda vuelta, prevista para el 25 de octubre, el resultado es 47% contra 45%, un empate técnico.

La tendencia dice más que la foto. A finales de agosto, AtlasIntel mostraba casi diez puntos de distancia en primera vuelta. En su sondeo de septiembre la brecha bajó a 2,4 puntos, con 45,8% frente a 43,4%.

Con Augusto Cury, Ronaldo Caiado, Renan Santos y Romeu Zema repartiéndose el resto, hay tres escenarios, que Lula gane en primera vuelta con más de la mitad de los votos válidos, o un balotaje con cualquiera de los dos como favorito. Y conviene recordar un antecedente. En 2022, Jair Bolsonaro sacó cerca de siete puntos más de lo que anticipaba Datafolha en la víspera.

El techo: una deuda que crece por los intereses

Según el Banco Central, en lo que va de 2026 la deuda bruta subió 3,9 puntos del PIB, y los intereses aportaron por sí solos 5,7 puntos, compensados en parte por el crecimiento de la economía.

El problema está menos en el gasto corriente que en el costo de financiarse. El déficit primario, que excluye los intereses, es de apenas 0,67% del PIB en doce meses. El déficit nominal, que sí los incluye, llega a 9,34%.

Aquí entra la Selic, la tasa básica del Banco Central. El 16 de septiembre bajó a 13,75%, en el quinto recorte seguido después de diez meses en 15%, su nivel más alto en casi dos décadas. Y más de la mitad de la deuda federal, 51,1% en julio, paga intereses atados a esa tasa.

Así se forma el círculo. Un déficit alto obliga a mantener tasas altas, las tasas altas encarecen la deuda y esa deuda más cara amplía el déficit. La economía tampoco ayuda, el PIB pasó de crecer 3,4% en 2024 a 2,3% en 2025, y el Banco Central espera apenas 1,4% para 2027.

El piso: lo que ninguno va a tocar

Si los intereses son el techo, que limita cuánto se puede gastar, también hay un piso, compromisos sociales que ningún candidato se atreve a tocar. El primero es tributario. Desde enero, quien gana hasta 5.000 reales al mes no paga impuesto a la renta, y esa pérdida de recaudo se compensa con un impuesto mínimo de hasta 10% para quienes reciben más de 600.000 reales al año. El segundo es el Bolsa Familia, el principal programa de transferencias condicionadas del país. Flávio promete mantener ambos, aunque no ha explicado cómo cubriría su costo. En este punto, los dos candidatos defienden lo mismo. El presupuesto de 2027, el primer año del próximo gobierno, lo redactó la administración actual y lo votará el Congreso saliente. Supone un crecimiento de 2,5%, mientras la Institución Fiscal Independiente del Senado, la IFI, proyecta 1,8% y el mercado 1,5%. Con esos números, la IFI calcula un déficit de 86.100 millones de reales donde el gobierno ve un superávit de 18.600 millones, y estima que habrá que congelar 35.700 millones en gasto. Gane quien gane, el mandato empieza con un recorte pendiente.

Lula: redistribuir sin gastar

El programa de Lula ratifica el marco fiscal, la regla que su gobierno creó para reemplazar el antiguo techo de gasto y que limita cuánto puede crecer el gasto cada año. Su propuesta económica más visible es terminar con la escala 6×1, seis días de trabajo por uno de descanso, y bajar la jornada a 40 horas sin reducir salarios.

Aquí aparece un patrón. Con el presupuesto sin espacio, las dos grandes banderas redistributivas de este gobierno pasan por fuera del gasto. Una es tributaria, la exención financiada por quienes más ganan. La otra es regulatoria, una jornada más corta cuyo costo asumen las empresas y no el Tesoro.

El programa también promete enfrentar el sistema de enmiendas parlamentarias. Y carga con un resultado propio, desde que Lula asumió en 2023 la deuda bruta subió más de diez puntos del PIB.

Flávio: recortar y bajar impuestos a la vez

El plan de Flávio se titula “Para o Brasil vencer o atraso”. Su bandera es un “tesouraço”, un recorte profundo del gasto, con la eliminación de al menos diez ministerios, el regreso de las privatizaciones y una nueva regla fiscal orientada a reducir la deuda, aunque el documento no detalla cómo funcionaría.

Su coordinadora económica, Daniella Marques, dijo que revocarían todos los impuestos creados o aumentados durante la gestión de Fernando Haddad en Hacienda. Ahí está el punto débil de la cuenta. Entre esos impuestos figura el mínimo que financia la exención que Flávio promete conservar. Al mismo tiempo, el plan anuncia 900.000 millones de reales en infraestructura y 2,5 millones de viviendas.

Su equipo cita como referencia el ajuste de Javier Milei en Argentina, cuyos resultados siguen en debate.

El árbitro: un Congreso que se elige el mismo día

Casi todo lo anterior pasa por el Congreso. El 4 de octubre se renueva la Cámara de Diputados y hasta 54 de los 81 escaños del Senado.

Y ese Congreso tiene poder presupuestario propio. Las enmiendas parlamentarias, recursos que diputados y senadores dirigen a sus regiones, tendrán en 2027 una reserva obligatoria de 44.800 millones de reales, 4.000 millones más que este año, y pueden sumar hasta 12.900 millones en enmiendas de comisión. De ahí viene la fuerza del “Centrao”, el bloque de centro y centroderecha sin el cual nadie arma mayoría.

Las propuestas estrella de ambos candidatos exigen todavía más. La nueva regla fiscal de Flávio iría por enmienda constitucional, y el fin de la escala 6×1 también requiere cambiar la Constitución. Para eso hacen falta tres quintos en las dos cámaras, 308 de 513 diputados y 49 de 81 senadores, en dos votaciones.

Y las reglas fiscales se renegocian ahí. El techo de gasto de 2016 se flexibilizó en 2021 para liberar unos 84.000 millones de reales para el Auxilio Brasil, y en 2022, con Lula ya electo, se amplió en 145.000 millones. Gobiernos de signo opuesto, mismo árbitro.

El factor externo: Estados Unidos, China y el Golfo

En julio de 2025, Donald Trump agregó un arancel de 40% a los productos brasileños, para un total de 50%, citando el juicio contra Jair Bolsonaro, y en noviembre retiró ese recargo para el café, la carne y las frutas. En febrero de 2026, la Corte Suprema de Estados Unidos anuló esos aranceles, y Washington volvió por otra vía. Desde el 22 de julio rige un arancel de 25% bajo la Sección 301, tras investigar temas que van del comercio digital al etanol y la deforestación.

Vale un dato para ordenar la discusión, en 2025 Brasil tuvo un déficit de 7.530 millones de dólares con Estados Unidos, le compró más de lo que le vendió. Trump respalda abiertamente a Flávio, un apoyo que, según la encuesta Meio-Ideia, suma entre sus votantes, pero no convence al electorado general.

Del otro lado está China. El comercio con Pekín llegó a un récord de 171.000 millones de dólares en 2025, más del doble que con Estados Unidos.

Y hay algo que ninguno de los dos controla. En plena guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, la Reserva Federal subió su tasa a 4% el mismo día en que Brasil recortó la Selic. Si esa presión se mantiene, el Banco Central tendrá menos espacio para seguir bajando.

El margen está en quién paga

Los dos modelos sí difieren en algo real, la composición del ajuste. Lula apuesta por cobrar más a las rentas altas y regular el mercado laboral sin tocar el gasto social. Flávio apuesta por achicar la máquina pública y bajar impuestos, con una cuenta que todavía no cierra. Pero ambos operan bajo el mismo techo, sobre el mismo piso y frente al mismo Congreso.

Si nadie supera la mitad de los votos válidos el 4 de octubre, todo se define el 25, y los votos de los candidatos menores serán decisivos. El 3 y 4 de noviembre se reúne el Copom, el comité de política monetaria, ya con presidente electo, y su decisión mostrará cuánta confianza despierta el ganador. En diciembre el Congreso saliente vota el presupuesto de 2027, y el 5 de enero el nuevo gobierno asume con un margen que otros ya recortaron.

Fuera de Brasil, la elección es una prueba de cómo una potencia media se mueve entre Estados Unidos y China. Y para América Latina el patrón es conocido, deudas caras y presupuestos rígidos donde las elecciones cambian el reparto del ajuste más que su tamaño. Las elecciones importan, aunque menos de lo que prometen las campañas.

Te dejo dos preguntas. ¿Crees que algún presidente puede romper el círculo de intereses altos sin un gran acuerdo con el Congreso? ¿Y qué debería pesar más para Brasil, su relación con Estados Unidos o con China?

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