La carrera espacial está entrando en una nueva era. Ya no se trata únicamente de quién lanza más cohetes, llega primero a la Luna o coloca más banderas en el espacio. El verdadero poder está migrando hacia otro lugar: la capacidad de controlar satélites, datos, conectividad y, próximamente, infraestructura de cómputo en órbita.
En 2025 se realizaron alrededor de 330 lanzamientos espaciales en todo el mundo. Una cifra que parece pequeña frente a la magnitud de la industria, pero que adquiere otra dimensión cuando se compara con el tamaño de la economía espacial global, estimada en US$686.000 millones, con proyecciones que podrían llevarla hasta US$1,8 billones para 2035, según estimaciones de McKinsey y el Foro Económico Mundial.
Entonces, ¿dónde está realmente el negocio? El cohete dejó de ser el principal indicador de poder. Durante buena parte del siglo XX, la carrera espacial se medía en hitos: quién llegaba primero a la Luna, quién lanzaba más cohetes o quién conseguía mayor capacidad tecnológica. Hoy, esa métrica resulta insuficiente.
Un lanzamiento es un evento puntual. Un satélite, en cambio, puede permanecer años en órbita generando ingresos mediante conectividad, posicionamiento, imágenes, monitoreo climático, agricultura de precisión, logística y servicios de inteligencia.
La diferencia es fundamental para entender el nuevo modelo económico espacial: el valor ya no está únicamente en fabricar y lanzar el activo, sino en mantener infraestructura funcionando y monetizar los datos que genera.
Y el sector privado es el principal protagonista de esta transformación. Según el reporte 2025 de Space Foundation, el 78% de la economía espacial global ya está en manos de empresas privadas, lo que demuestra hasta qué punto la actividad dejó de ser exclusivamente una competencia entre gobiernos.
Estados Unidos: la ventaja de tener la mayor infraestructura orbital
Para medir quién domina el espacio hay que diferenciar entre dos conceptos: flujo y stock. El flujo corresponde a los lanzamientos realizados durante un período, mientras que el stock representa los satélites que permanecen activos en órbita.
Y es precisamente en el stock donde Estados Unidos mantiene una ventaja contundente.
El país opera aproximadamente tres cuartas partes de los satélites activos del mundo, impulsado principalmente por Starlink. A mediados de 2026, la constelación ya superaba los 10.900 satélites en órbita, equivalentes a cerca de dos tercios de todos los satélites que orbitan actualmente la Tierra.
Esto convierte a la infraestructura orbital en un activo estratégico de enorme valor. La ventaja no está solamente en lanzar satélites, sino en disponer de una red capaz de prestar servicios de manera permanente y a escala global.
China acelera: menos satélites, más capacidad estratégica
China parte de una posición diferente. Su número de satélites activos pasó de aproximadamente 600 en 2024 a 1.250 en 2026, impulsado por proyectos como Guowang y Qianfan, diseñados para reducir la dependencia de infraestructura estadounidense.
Pero la estrategia china no se limita a competir por cantidad. A finales de 2025, varias empresas chinas presentaron ante la Unión Internacional de Telecomunicaciones solicitudes de frecuencia para más de 200.000 satélites futuros. Aunque estas solicitudes no significan que todos los satélites vayan a construirse o lanzarse, sí muestran una disputa estratégica por recursos fundamentales: el espectro radioeléctrico y las posiciones orbitales.
Además, China está ganando terreno en capacidades de observación y teledetección. Un análisis de 2024 del Center for Strategic and International Studies, junto con el Taylor Geospatial Institute y USGIF, evaluó sistemas comerciales de teledetección de 11 países y encontró que China ocupó el primer lugar en cinco de 11 categorías tecnológicas, frente a cuatro de Estados Unidos.
Esto cambia la naturaleza de la competencia: los datos obtenidos desde el espacio tienen cada vez más valor económico, militar y geopolítico.
Europa apuesta por una industria espacial propia
En noviembre de 2025, la Agencia Espacial Europea aprobó un presupuesto récord de €22.100 millones para 2026-2028, un 30% superior al ciclo anterior. Parte de estos recursos busca reducir la dependencia europea de lanzadores extranjeros y fortalecer su autonomía tecnológica.
El sector empresarial también está capturando valor. Airbus Defence and Space cerró 2025 con ingresos de €13.400 millones, un crecimiento del 11%, impulsado parcialmente por un pedido de 340 satélites OneWeb para Eutelsat. Por su parte, la división espacial de Leonardo creció 11%, superando los €1.000 millones.
La estrategia europea, por tanto, no necesariamente busca competir en volumen, sino posicionarse en segmentos de mayor valor agregado, como fabricación, componentes, tecnología satelital y lanzamiento.
La próxima batalla: datos y cómputo desde el espacio
El siguiente salto podría ser todavía más disruptivo. Empresas como SpaceX, Starcloud y Blue Origin han anunciado proyectos relacionados con centros de datos en órbita, con la posibilidad de procesar información directamente en el espacio utilizando energía solar y condiciones térmicas favorables para el enfriamiento.
Si esta tecnología escala, la competencia espacial podría dejar de medirse principalmente por el número de satélites. La pregunta sería otra: ¿quién controla la infraestructura que procesa los datos generados desde el espacio?
Para las empresas, esto abre una nueva frontera de oportunidades en sectores como telecomunicaciones, defensa, agricultura, logística, inteligencia artificial, observación terrestre y análisis de datos.
Pero también existe un riesgo creciente: la saturación orbital. La concentración de miles de satélites en órbita baja incrementa el riesgo de colisiones y de generación de basura espacial, con el potencial de desencadenar el llamado síndrome de Kessler, escenario en el que ciertas órbitas podrían volverse inutilizables durante generaciones.
¿Quién ganará la nueva carrera espacial?
La respuesta depende de cómo se mida el poder. Estados Unidos domina actualmente en volumen e infraestructura comercial; China avanza en autonomía tecnológica, vigilancia y capacidades estratégicas; mientras Europa busca capturar valor en manufactura y tecnología especializada.
Pero la gran transformación está en que el espacio dejó de ser únicamente un escenario de exploración para convertirse en una infraestructura crítica de la economía digital.
La nueva carrera espacial no necesariamente la ganará quien lance más cohetes, sino quien consiga controlar los satélites, el espectro, los datos y el cómputo que sostendrán la economía del futuro.
¿Qué país creen que definirá las reglas del juego orbital durante la próxima década: el que tenga más satélites o el que controle los datos que estos generan?
