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¿Quién se hace rico cada vez que sube el termómetro?

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El calor extremo dejó de ser únicamente un problema climático o de salud pública. También se está convirtiendo en un factor económico capaz de mover inversiones, transformar industrias y crear nuevos negocios.

Mientras millones de trabajadores pierden productividad cuando las temperaturas aumentan, empresas de climatización, eléctricas, aseguradoras y desarrolladores de tecnología para gestionar riesgos climáticos encuentran nuevas oportunidades de crecimiento.

La dimensión del fenómeno es significativa. Bastan 30 días de calor extremo para incrementar en 30% la demanda eléctrica destinada a refrigeración en España, según un análisis de Goldman Sachs. El banco identificó además 42 empresas europeas y globales posicionadas para beneficiarse de esta creciente necesidad de refrigeración.

La pregunta, entonces, no es únicamente cuánto cuesta el calor. Es quién está capturando el valor económico que genera la necesidad de adaptarse a él.

El costo que no aparece en las cotizaciones: la productividad

Un informe conjunto de la Organización Mundial de la Salud y la Organización Meteorológica Mundial concluyó que la productividad laboral puede caer entre 2% y 3% por cada grado que la temperatura supera los 20 °C. El fenómeno afecta aproximadamente a 2.400 millones de trabajadores, cerca del 70% de la fuerza laboral mundial, especialmente en actividades al aire libre o sin climatización, como construcción, agricultura y logística.

El Banco Interamericano de Desarrollo añade otra presión: el estrés térmico podría reducir las horas de trabajo disponibles a nivel mundial en 2% para 2030.

Esto genera una paradoja. El mismo fenómeno que reduce la capacidad productiva de algunas actividades está aumentando la demanda de productos y servicios destinados a proteger a empresas y consumidores frente al calor.

La “destrucción creativa” del calor

El economista Joseph Schumpeter utilizó el concepto de destrucción creativa para explicar cómo los cambios económicos y tecnológicos pueden destruir estructuras existentes mientras crean nuevas oportunidades de negocio.

El calor extremo representa un ejemplo contemporáneo de este proceso. Mientras determinados sectores enfrentan menores niveles de productividad y algunos activos pierden valor por su exposición al riesgo climático, aparecen mercados asociados con la adaptación: sistemas de climatización, infraestructura eléctrica, energías renovables, modelos de riesgo climático y nuevos productos financieros y aseguradores.

El capital, en otras palabras, está reaccionando ante un cambio estructural en las condiciones de operación de la economía.

Aire acondicionado: el gran negocio detrás del calor

Uno de los principales beneficiarios de esta transformación es la industria de climatización. Según la Agencia Internacional de la Energía, el número de equipos de aire acondicionado instalados en edificios en todo el mundo podría pasar de 1.600 millones de unidades a 5.600 millones en 2050. Esto equivale a vender aproximadamente 10 nuevos equipos cada segundo durante las próximas tres décadas.

La magnitud del mercado es aún mayor si se considera que la refrigeración ya representa cerca de una quinta parte de la electricidad consumida en edificios a nivel mundial.

Fabricantes como Carrier, Daikin, Trane Technologies y Johnson Controls están posicionados para beneficiarse de una tendencia que no depende únicamente de episodios aislados de calor. La urbanización, el crecimiento de los ingresos en economías emergentes y la expansión de los centros de datos, que requieren refrigeración permanente, están aumentando estructuralmente la demanda.

Más calor también significa más demanda de electricidad

El aire acondicionado no funciona sin energía. Por eso, la segunda gran oportunidad está en la infraestructura eléctrica.

El análisis de Goldman Sachs sobre España encontró que 30 días de calor extremo pueden elevar 30% la demanda eléctrica destinada a refrigeración. El país tiene aproximadamente 15 equipos de aire acondicionado por cada 1.000 habitantes, frente a un promedio mundial de 14 y niveles considerablemente superiores en varios países asiáticos.

Entre las empresas identificadas por Goldman Sachs como beneficiarias de esta tendencia aparecen fabricantes de componentes eléctricos, empresas de generación renovable como Vestas y Ørsted y Siemens Energy, vinculada a infraestructura para redes eléctricas.

El fenómeno tiene alcance global. En 2024, más de 40 países que representan cerca del 70% de la demanda eléctrica mundial registraron récords de consumo máximo durante episodios de calor extremo, según la Agencia Internacional de la Energía.

El riesgo climático también se convirtió en negocio

Otro sector que está cambiando rápidamente es el asegurador. El aumento de incendios, huracanes y otros eventos extremos está llevando a algunas compañías a limitar su exposición. En California, por ejemplo, el Plan FAIR —aseguradora estatal de último recurso— pasó de aproximadamente 271.000 pólizas en 2022 a más de 684.000 en marzo de 2026, un incremento del 152%.

Pero el mismo problema está creando nuevos mercados financieros. Swiss Re calculó que 57% de las pérdidas económicas provocadas por catástrofes naturales en 2024 no estaban aseguradas. Ese vacío está impulsando el desarrollo de modelos de riesgo climático, bonos catástrofe y seguros paramétricos, productos que permiten transferir o cubrir riesgos asociados con variables específicas como velocidad del viento o magnitud de un evento.

Así, mientras algunas aseguradoras reducen su exposición, otros actores financieros encuentran oportunidades precisamente en la necesidad de medir y administrar el riesgo climático.

El gran problema: no todos pueden pagar la adaptación

El crecimiento de estos mercados plantea una pregunta económica fundamental: ¿quién puede permitirse adaptarse? Una gran compañía puede invertir en sistemas de refrigeración, automatización, rediseño de horarios o infraestructura para proteger a sus trabajadores y operaciones. Para un trabajador independiente o una pequeña empresa con márgenes reducidos, esas alternativas pueden ser mucho más difíciles de financiar.

El costo humano también es considerable. En América Latina y el Caribe, la mortalidad asociada al calor extremo aumentó 140% durante las últimas dos décadas, mientras que cerca de 48.000 adultos mayores murieron prematuramente por causas relacionadas con el calor en 2023, según las cifras citadas en el documento.

América Latina: un mercado que crece, pero captura poco valor

La región tampoco está fuera de esta transformación. La Organización Meteorológica Mundial señala que 2025 fue uno de los años más cálidos registrados en América Latina y el Caribe. Durante ese período se registraron temperaturas extremas como los 52,7 °C en Mexicali, México, 44 °C en Río de Janeiro y 44,8 °C en Mariscal Estigarribia, Paraguay.

El mercado latinoamericano de climatización podría crecer alrededor de 5,5% anual, impulsado por la mayor necesidad de adaptación. Sin embargo, existe una limitación estructural: buena parte de la fabricación de equipos y del desarrollo de modelos de riesgo permanece concentrada en economías desarrolladas.

La región, por tanto, puede convertirse en un importante mercado de consumo sin necesariamente capturar una proporción equivalente del valor agregado.

¿Solución de mercado o parche temporal?

El calor extremo está modificando los incentivos económicos. Empresas de climatización venden más equipos, las eléctricas deben ampliar su capacidad, las renovables encuentran una demanda adicional y el sector financiero desarrolla nuevas herramientas para administrar el riesgo climático.

Pero que existan ganadores económicos no significa que la sociedad en su conjunto esté ganando.

La llamada destrucción creativa de Schumpeter no es buena ni mala por sí misma. Es un proceso mediante el cual el capital responde a un cambio. El desafío está en cómo se distribuyen los beneficios y quién asume los costos.

La economía del calor ya está aquí. Y la pregunta para empresas, gobiernos e inversionistas no será solamente cómo aprovechar este nuevo mercado, sino cómo evitar que la adaptación climática se convierta en un privilegio para quienes tienen mayor capacidad de pago.

Porque cuando sube el termómetro, también cambia el mapa del poder económico. ¿Estamos frente a una solución de mercado que terminará haciendo más accesible la adaptación al calor, o ante un sistema que simplemente trasladará sus costos hacia quienes menos recursos tienen para asumirlos?

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